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1 de Mayo de 2015
Psicología

Síndrome de la covada

No solo las mujeres experimentan síntomas físicos y psicológicos como consecuencia del embarazo: la pareja masculina muestra molestias similares. ¿Se debe este fenómeno a una fluctuación hormonal o a factores psicológicos?

THINKSTOCK / QUINTANILLA

En síntesis

Algunos hombres experimentan síntomas similares a los de su pareja embarazada (alteraciones en el apetito, cansancio, dolor de cabeza, etcétera). Este fenómeno se conoce como síndrome de la covada.

La alteración hormonal que presentan los futuros padres se acompaña de conductas paternales. Se desconoce cuánto influye la psique en este «embarazo compartido».

Al igual que las madres, los progenitores pueden sufrir un estado de ánimo deprimido poco antes o después del parto.

Muchos hombres celebran su futura paternidad con un: «¡Estamos embarazados!». O, en los primeros meses de gestación de la pareja, bromean sobre su incipiente barriga: «De perfil, somos casi iguales.» Esas afirmaciones resultan más acertadas de lo que se imaginan. Con frecuencia, los varones manifiestan síntomas parecidos a los que experimenta la mujer preñada: aumentan de peso, padecen náuseas matutinas y sufren acidez de estómago o presentan cambios frecuentes de humor.

Esta «solidaridad» con la embarazada se conoce en el ámbito de la medicina como síndrome de la covada. En 2014, Thilagavathy Ganapathy, del Instituto Educativo de Oxford en Hongasandra, confirmó que los futuros padres se quejaban, sobre todo, de trastornos digestivos, alteraciones del apetito, cansancio y dolor de cabeza. Los síntomas psicológico principales eran insomnio, cambios de humor e irritabilidad, seguidos de las pesadillas y una mayor sensibilidad. Los efectos del «embarazo compartido» aparecían sobre todo durante los primeros meses y los tres últimos de gestación de la pareja.

El término covada (del francés couver, «criar o incubar») surgió en el siglo XIX. Con este vocablo, los etnólogos describían el conjunto de rituales que los hombres de diversas culturas tradicionales utilizaban para prepararse con motivo del nacimiento de su hijo. Los científicos de la época los consideraban un tanto extraños. Observaron, por ejemplo, que los varones simulaban el esperado nacimiento en cabañas destinadas a la maternidad o se dejaban mimar como si fuesen ellos los embarazados.

En las civilizaciones occidentales, en cambio, reinó durante mucho tiempo la norma social de llevar la futura paternidad con discreción, sin levantar grandes revuelos. A partir de los años cincuenta del siglo pasado, las revistas especializadas comenzaron incluir cada vez más artículos sobre hombres que iban a ser padres y que experimentaban síntomas similares a los del embarazo: nauseas matutinas y dolores en el vientre. En 1965, los psiquiatras William Trethowan, de la Universidad de Birmingham, y Michael Conlon, del Hospital All Saints de la misma ciudad, establecieron el término «síndrome de la covada» en referencia a los rituales relacionados con la paternidad.

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