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Clemencia por saciedad

Los jueces hambrientos tienden a ser más estrictos.
© Dreamstime / zatletic
Bromean los abogados que la justicia es lo que el juez tomó para desayunar. Nuevas investigaciones hacen pensar que la justicia muy bien podría depender de cuánto hace que desayunó el magistrado.
Investigadores de las universidades Ben Gurion, de Israel, y Columbia, de Nueva York, han examinado más de un millar de decisiones de ocho jueces israelíes responsables de conceder o denegar la libertad condicional a reos que la solicitaban. En las vistas, los jueces otorgaron un 65 por ciento de las peticiones examinadas al comienzo del día, pero hacia el final de la mañana, casi ninguna. Tras un descanso para almorzar, los casos aprobados se elevaron de nuevo hasta el 65 por ciento.
Jonathan Levav, profesor asociado en la Universidad de Columbia, considera que los jueces podrían mostrarse más estrictos por sentir hambre. Es probable que también experimenten fatiga mental. En estudios anteriores se ha comprobado que tener que adoptar decisiones continuamente resulta fatigoso, por lo que los magistrados se inclinan entonces hacia soluciones simplistas. En este sentido, se ha observado que si al comprador de un coche se le proponen demasiadas opciones y extras, tiende a decantarse por el equipamiento de serie, en lugar de seguir «personalizando» su vehículo. Al repetirse las sesiones, tal vez les resulte más sencillo a los jueces limitarse a denegar las peticiones.
Levav sospecha que un fenómeno similar se produce en hospitales, oficinas de admisión universitaria y en cualquier otro lugar donde sea preciso tomar decisiones sin cesar. Si está pensando en pedirle a su jefe un aumento de sueldo, más vale que lo intente después de un grato almuerzo.

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