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Deseo de soledad

Los monos pudieran idear gestos para comunicar ideas concretas.
Cortesía de Mark E. Laidre / Universidad de California, Berkeley
En el zoo de Colchester, en Inglaterra, mora una comunidad de mandriles, la especie de mono más grande. Uno de ellos, una hembra llamada Milly, comenzó a cubrirse los ojos con la mano cuando contaba con tres años de edad. Doce años después, Milly y sus compañeros del zoo siguen haciendo dicho gesto, que al parecer significa «No molesten». Esa señal constituye la primera manifestación gestual de raíces culturales que se ha documentado en monos.
La cultura explica diferencias conductuales de raíz geográfica, no genética o ambiental. En el hombre, los gestos (acciones de comunicación no verbal) son con frecuencia de carácter cultural; en los monos, a veces también lo son. Mark E. Laidre, biólogo especializado en evolución en la Universidad de California observó a los mandriles de Colchester durante un total de 100 horas en los veranos de 2007 y 2008. Según comunicaba en PLoS ONE en febrero de 2011, comprobó que a los ejemplares que se tapaban los ojos sus semejantes se acercaban o tocaban bastante menos que si no efectuaban tal gesto. «Los animales que no deseaban ser molestados, lo realizaban», explica Laidre.
Laidre y otros estudiosos de mandriles no han visto el ademán de cubrirse los ojos en otras poblaciones, lo que parece indicar que se trata de un fenómeno local. El investigador descarta otras posibles explicaciones para el gesto: Milly no sufre en los ojos dolencias que pudieran inducirla a resguardárselos; tampoco aumenta la frecuencia del gesto en días soleados. Resulta improbable que conductas humanas hayan influido en los mandriles, puesto que los monos, a diferencia de los simios, delfines y perros, no remedan la conducta humana. Todos los datos hacen pensar que el comportamiento gestual de marras ha surgido de forma espontánea; aporta información dentro la comunidad de mandriles.
A partir de su estudio sobre las destrezas gestuales de los mandriles de Colchester, Laidre confía en que se descubran en otros monos ademanes culturales semejantes. Si la gesticulación entre los primates se manifiesta más de lo se pensaba hasta ahora, «la capacidad de comunicarse con las manos pudo haber existido mucho antes de que los humanos entrásemos en escena», concluye Laidre.

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