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1 de Mayo de 2012
Neurolingüística

El modelo de doble ruta

Las áreas de Broca y Wernicke cuentan como los centros cerebrales más relevantes en la producción del lenguaje. Según los manuales, se comunican a través de una única vía neuronal. Pero ya en el siglo XIX los científicos postulaban una segunda vía.

volkmar glauche y cornelius weiller, según datos de d. saur, r. umarova y m. vry

En síntesis

Dos son los centros cerebrales principales del lenguaje: el área de Wernicke, para la comprensión, y el área de Broca, para la reproducción de palabras y frases. Una gran fibra nerviosa, el fascículo arqueado, las une.

Alrededor de 1870, Carl Wernicke sospechaba la existencia de una segunda vía de unión. Muy pronto esa hipótesis cayó en el olvido.

Hoy en día, los investigadores reconocen dos vías neuronales del lenguaje: una superior, que se activa con la repetición de las palabras; y otra inferior, relevante para la comprensión de las frases.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Fue un proyecto atrevido el que Carl Wer­nicke (1848-1905) presentó en su disertación en 1874. Quizás incluso genial para un recién doctorado de 26 años. Gran parte de lo que el futuro neurocientífico escribió por aquel entonces ha permanecido vigente durante casi 140 años, logro que en el terreno de las obras médicas acostumbra a constituir una excepción más que una regla. No obstante, una hipótesis crucial de Wernicke ha sido despreciada de forma injusta durante décadas, a pesar de las técnicas modernas, entre ellas, la imagen funcional.

Los investigadores de su época no disponían de ese tipo de procedimientos. El único método que aseguraba algún éxito por aquel entonces eran los estudios de lesiones cerebrales. Se estudiaba a personas con trastornos definidos, entre ellos, la incapacidad de construir frases con significado. Después de la muerte del paciente, se determinaban las lesiones cerebrales responsables del problema. Tras diversos estudios se vio que el cerebro, a simple vista uniforme, se dividía en regiones.

Sabedor de esa característica, Paul Broca (1824-1880), compañero de profesión de Wernicke, detectó un «centro motor del lenguaje» en el encéfalo. La persona con una lesión en dicha zona del lóbulo frontal padecía dificultades considerables para hablar. Según las conclusiones de Broca, en esa área cerebral se encuentran las representaciones de movimiento que sustentan las órdenes dirigidas a los órganos fonoarticulatorios.

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