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¿Qué falla aquí?

Una simple prueba de detección de incongruencias en una imagen podría determinar si los ordenadores poseen conciencia. Por ahora, no lo consiguen ni los ordenadores más potentes.

GETTY IMAGES / DAN BURN-FORTI

¿Cómo saber si una máquina tiene conciencia? Cuando los ordenadores actúan cerca de niveles humanos (pensemos en la victoria del ordenador Watson de IBM sobre todos los campeones del concurso de televisión estadounidense Jeopardy), la pregunta se vuelve cada vez más acuciante. Por ahora, pese a su capacidad para procesar datos a velocidad sobrehumana, sospechamos que los ordenadores, a diferencia de las personas, no «ven» las escenas repletas de formas y colores frente a sus cámaras ni «oyen» las preguntas formuladas a sus micrófonos: no sienten en absoluto. ¿Por qué pensamos que es así? ¿Cómo podemos verificar si experimentan o no una escena tal y como nosotros lo hacemos?

La conciencia posee dos propiedades fundamentales. La primera, que toda experiencia es sumamente informativa. Cualquier estado consciente concreto descarta un número inmenso de otros posibles estados, de los cuales difiere en su peculiar aspecto. Hasta el simple precepto «oscuridad total» implica no estar viendo una sala bien iluminada, ni el intrincado toldo vegetal de una jungla, ni cualquier otra escena de las incontables que podrían pasarle por la cabeza: piense en todos los fotogramas de las películas que haya podido ver.

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