Dotaciones disímiles

La herencia materna y paterna no es casual. El desarrollo de ciertas aptitudes dependen más de la carga genética de un progenitor que de otro.
© FOTOLIA / JANET LAYHER
Un niño sano hereda exactamente 23 cromosomas de la madre y 23 del padre. En consecuencia, en cada una de las células de su cuerpo se encuentran dos versiones del mismo gen: una paterna y otra materna. Lo lógico, pues, sería que el niño presentara una mezcla equilibrada de las cualidades del padre y de la madre. ¿Es así?
Los hallazgos en biología molecular contradicen tal supuesto. En el desarrollo cerebral parece que en algunas áreas predominan los genes del padre y en otras los de la madre: la herencia del progenitor desempeña una función notable en la maduración de aquellas regiones del encéfalo relacionadas con el crecimiento, los hábitos alimentarios y la reproducción; los genes maternos influyen más en las áreas que rigen el pensamiento complejo. La predisposición a ciertos trastornos psíquicos parece más relacionada con la herencia de la madre que del padre.

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