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1 de Septiembre de 2010
Psiquiatría

Adictos a la inanición

La anorexia puede constituir un trastorno psiquiátrico grave, que engendra una adicción compulsiva a la inanición.

© fotolia / Primabild

En síntesis

Los estudios constatan que la anorexia constituye una enfermedad mental polifacética cuyos efectos se extienden mucho más allá del apetito.

La anorexia se acompaña de perturbaciones en los circuitos de recompensa del cerebro que pueden volver, a las pacientes, incapaces de disfrutar de los placeres de la vida, trátese de la comida, el sexo o un premio de la lotería. Algunos científicos comparan la anorexia con la drogodependencia.

Los factores de riesgo biológico de esta enfermedad parecen ejercer gran parte de su insidioso poder en la pubertad, lo que subraya la importancia de tomar medidas preventivas. Parece que una predisposición genética contribuye a desarrollar dicho trastorno.

Una publicación sensacionalista norteamericana condensa en pocas palabras «lo que todo el mundo sabe» sobre la anorexia nerviosa. En una entrevista, la actriz Christina Ricci, que la había sufrido, culpaba a las exigencias que el éxito conlleva. El titular clamaba: «Hollywood me hizo anoréxica».

¿De verdad? La anorexia, es cierto, se caracteriza por el seguimiento compulsivo de dietas hipocalóricas, acompañadas de ejercicio físico, para adelgazar. La delgadez ha adquirido una prestigiosa valoración social —en la «cultura» de Hollywood— y se ha convertido, al parecer, en obsesión contagiosa. Estar esbelto es una cosa; demacrado, otra muy distinta. Traspasar la divisoria entraña la pérdida de un instinto elemental, básico para la supervivencia: comer cuando se siente hambre, algo que ningún valor social debería atreverse a tocar.

Y hay más. Las presiones socioculturales no pueden explicar fácilmente por qué las víctimas de este mal, cuya extremada delgadez nos espanta, opinan de sí mismas que están gruesas. Las anoréxicas suelen afirmar que se encuentran más alerta y con mayores energías durante el ayuno; de hecho, la inanición acelera su ritmo metabólico, en abierto contraste con la disminución metabólica que experimenta cualquiera cuando ayuna.

Tales misterios demandan una explicación biológica. Tratando de hallar alguna, se están sondeando los cerebros de personas anoréxicas. De tales trabajos aparece un nuevo retrato de la anorexia: el de una enfermedad mental polifacética, cuyos efectos trascienden, con mucho, los trastornos del apetito. Este mal va acompañado de perturbaciones en los circuitos cerebrales de recompensa y puede desembocar en una incapacidad general para gozar de la vida, sea por la comida, el sexo o los premios de la lotería. La anorexia, en este aspecto, comparte ciertas características propias de la drogodependencia, siendo la droga aquí la propia privación.

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