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1 de Septiembre de 2010
Didáctica

Bases cerebrales del aprendizaje

Para mejorar el aprendizaje escolar, neurólogos y pedagogos convergen en el nuevo dominio de la neurodidáctica.

© FOTOLIA / PHILIPPE MINISINI

En síntesis

Pedagogos y neurocientíficos deben colaborar para optimizar el aprendizaje de los alumnos. Los primeros, con sus conocimientos sobre la actividad cerebral; los segundos, con aportando los contenidos de la enseñanza.

La máxima garantía de éxito en la enseñanza radica en una pedagogía de la diversión basada en la neurodidáctica: entre otros factores, deben priorizarse la motivación, la curiosidad y la satisfacción por los logros.

La curiosidad y la creatividad solo pueden desarrollarse en una atmósfera distendida y lúdica. De esta manera se evita también que el alumno sufra estrés por alcanzar un rendimiento determinado y su temor ante el fracaso.

Lo neuro está de moda. Neuroeconomía, neuroética, neuroteología, neurogermanística, neurohistoria y neurodidáctica. Los científicos se aprestan a explicar nuestras vivencias y conductas admitiendo su origen cerebral, no sólo en el sentido trivial de la palabra, según el cual todo pensamiento y toda actividad se apuntalan en el funcionamiento del cerebro, sino también en el sentido estricto de ser resultado genuino de la actividad cerebral y sus consecuencias. Es lógica la atención que se concede al funcionamiento del cerebro en este sentido. Importa conocer en qué circunstancias utilizamos el cerebro y cuándo rige, inconsciente, nuestra conducta.

Los nuevos medios de exploración y analíticos, sobre todo en el estudio de los procesos metabólicos y mecanismo de acción de los neurotransmisores y en las técnicas de imagen, han hecho posible en las dos últimas décadas descubrimientos que transforman nuestras ideas sobre el funcionamiento del cerebro. Entre estos descubrimientos mencionaremos:

  • El sistema límbico como valorador de informaciones y las actividades cerebrales que de ello se derivan. 
  • Las neuronas especulares como base del aprendizaje a partir de un modelo, amén de fundamento del concepto del cerebro como órgano social.
  • La abundancia de sinapsis neuronales durante los primeros años de vida y su posterior disminución cuando, mediante su estímulo y uso, quedan definitivamente fijadas. 
  • La estructuración de las funciones cerebrales de acuerdo con su uso y experiencia adquirida. 
  • La repercusión social (consideración, entrega o reconocimiento) como medio indispensable de supervivencia para los seres humanos y el juego de neuromoduladores estimuladores de la motivación (dopamina, opioides endógenos y oxitocina) en el sistema de recompensa autónomo de nuestro organismo.

Nuevos desafíos para la pedagogía

Como consecuencia de este desarrollo, los científicos, desde diversos puntos de vista, se ven obligados a hacer un nuevo análisis y una valoración de la conducta humana. Por ejemplo, un conductor que provoca un accidente y, en un estado de estrés y miedo, se da a la fuga. ¿Comete una acción equiparable, desde el punto de vista moral y penal, a la de quien comete un atraco planeado? Un alumno cuyo cerebro, debido a las condiciones de estrés, no puede rendir lo suficiente, ¿puede ser penalizado en su fracaso escolar, comprometiendo de este modo su futuro?

Está demostrado que los agentes de nuestro sistema de motivación son las experiencias positivas en las relaciones y los lazos afectivos: recibir atenciones y reconocimientos, elogios y protección. Se sabe que la disposición al buen rendimiento y al éxito depende de la confianza y las esperanzas depositadas en conseguirlo. En contraposición, comprobamos que los planes escolares y los sistemas de enseñanza, con sus experiencias de fracaso y desánimo, generan temor en vez de estimular la creatividad y la autonomía.

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