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1 de Mayo de 2005
Inteligencia

El origen del entendimiento

La inteligencia humana se expresa en el control fino de la musculatura de los dedos de la mano y de la cara. Esta sorprendente inteligencia motora habría impulsado nuestra evolución cultural.
Un mono jamás tocaría el piano. No dispone de la capacidad digital para pulsar, con la suficiente rapidez y precisión, las teclas en una secuencia veloz y rigurosa. En cambio, las personas, incluso las legas en música, logran en muy poco tiempo que suene una pequeña melodía o un par de acordes, por no hablar de la técnica inigualable de los pianistas virtuosos.
Como nuestra destreza digital y manual sobrepasa con creces las de otros primates, los investigadores dedicados a la búsqueda de características humanas singulares han prestado a esta peculiaridad menos atención que a nuestra capacidad para el habla o, aún mejor, el lenguaje. Sin embargo, lo sabemos desde hace unos años, las dos guardan un vínculo neurobiológico. Los centros cerebrales que regulan los programas motores y las instrucciones para el habla y argumentaciones verbales son los mismos.

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