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1 de Julio de 2012
Conducta social

Arrime una silla

Tendemos a situarnos cerca de quienes presentan rasgos como los nuestros.
© Dreamstime / markhunt
La próxima vez que tome asiento en una sala con desconocidos, fíjese bien en la persona más cercana. ¿No guarda, con usted, algún sutil parecido? Es probable que así sea, según un estudio publicado en Personality and Social Psychology Bulletin del mes de julio de 2011.
De antiguo se sabe que los humanos tienden a asociarse por raza, sexo, u otras categorías de trazo grueso, pero este último trabajo ha sido el primero en sugerir que tal impulso llega hasta los detalles finos. «En ocasiones, o bien gravitamos hacia otras personas, o nos apartamos, pero no a causa de un fuerte prejuicio, sino solo porque hay en ellas algo que nos resulta un poquito más familiar; o al contrario», explica Anne Wilson, psicóloga social de la Universidad Wilfrid Laurier y una de las coautoras del estudio. «En realidad, la mayor parte de estos procesos no son conscientes.»
Wilson y sus colaboradores realizaron consecutivamente cuatro experimentos con estudiantes universitarios en diversas situaciones: una, espontánea (un primer día de clase); otras de laboratorio, estrictamente controladas. Los probandos tenían que ocupar asientos en una sala, o bien sentarse ante grandes mesas para cumplimentar encuestas. En todos los casos tendieron a situarse cerca de alguien con algún rasgo compartido (gafas, color del cabello, etcétera). El efecto persistía incluso tras eliminar la influencia atribuible a la raza o el sexo.
Wilson afirma que estos hallazgos contribuyen a explicar por qué las parejas o los grupos de individuos de aspecto similar resultan tan frecuentes: no son accidentales.
«Tendemos a pensar que quienes se nos parecen piensan de forma similar a la nuestra», explica. «Si esperamos que alguien sea como nosotros, probablemente nos comportemos de forma más abierta y simpática». Esta clase de «lubrificación social» constituye un rasgo clave para trabar relaciones duraderas.

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