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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2012Nº 55

Neurolingüística

Figuras retóricas: un reto para el cerebro

Las frases hechas, las metáforas y la ironía dan especial trabajo al cerebro. Las dos mitades del encéfalo intervienen en su procesamiento.

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Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Una madre entra en la caótica habitación de su hija. Le espeta: «Eso sí que es orden, sí señor». La adolescente, a modo sarcástico, replica: «¿Verdad que sí?». Con lo que la madre explota: «¡Haz el favor de ordenar la habitación ahora mismo! ¿Ha pasado una manada de rinocerontes por aquí o qué?».

En este diálogo imaginado, ambas hablantes utilizan herramientas concretas para expresar sus emociones. Al principio, la primera evita la crítica directa e intenta encarar con ironía el conflicto que está a punto de comenzar. Sin embargo, la reacción, también irónica, de la niña le indica que así no llegará a ninguna parte. A continuación utiliza una metáfora (la imagen del paso de los rinocerontes) con el fin de remarcar la trascendencia del asunto.

Cuando alguien se toma al pie de la letra las figuras retóricas con sentido exagerado, el resultado suele ser, cuanto menos, cómico. Las aventuras de Till Eulenspiegel, personaje pícaro, mentiroso, holgazán y divertido del folclore del norte de Alemania y de los Países Bajos, son reflejo de ello. Una de sus alegres travesuras cuenta que cuando trabajaba de aprendiz de panadero, un buen día preguntó a su maestro qué productos debía preparar para la mañana siguiente. El panadero exclamó en tono de burla: «¿Qué debes preparar? Pues búhos y macacos, si te parece». Eulenspiegel se tomó el encargo literalmente, por lo que, para espanto del panadero, elaboró pan con forma de búhos y macacos.

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