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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2012Nº 55

Psiquiatría

Las raíces de la esquizofrenia

¿Qué variantes génicas y ambientales predisponen a padecer psicosis esquizofrénicas? ¿Cómo afecta la enfermedad al cerebro?

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La palabra esquizofrenia despierta asociaciones que inducen a error. Del griego schizein (escindir) y phren (mente), el nombre sugiere una personalidad dividida. Sin embargo, la esquizofrenia no tiene nada que ver con una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Cuando el psiquiatra suizo Eugen Bleuler (1857-1939) acuñó el término a comienzos del siglo XX, tenía en mente más bien la ruptura del pensamiento, de los sentimientos y de la voluntad de las personas afectadas.

Las psicosis esquizofrénicas se refieren a todo un grupo de trastornos neuropsiquiátricos con síntomas en parte bastante dispares. La mayoría de las veces, los psiquiatras clasifican los cuadros clínicos, que varían de manera considerable de caso a caso, en síntomas positivos y síntomas negativos. Entre los primeros se encuentran alucinaciones, delirios y un yo experiencial trastornado, por el que los afectados ya no pueden trazar de forma clara la frontera entre el sí mismo y el ambiente. Esas manifestaciones de la psicopatología a menudo aparecen de forma abrupta y pueden ser refrenadas mediante medicamentos. En cambio, los síntomas negativos duraderos (carencia de impulso, falta de capacidad de concentración, trastornos del sueño y pobreza afectiva), que afectan con frecuencia a los pacientes, resultan de difícil tratamiento.

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