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Los test de inteligencia, ¿deben usarse para comparar etnias o sexos?

Las pruebas de cociente de inteligencia son, con frecuencia objeto de críticas. En especial cuando se utilizan para determinar diferencias entre hombres y mujeres o entre comunidades raciales. ¿Pesa más la libertad del investigador o la responsabilildad?

Jens Asendorpf (izquierda) y Matthias Wenderlein (derecha). [CORTESÍA DE NICOLA MOLINARO]

En 1912, el profesor William Stern (1871-1938) propuso una unidad de medida que pronto se convertiría en uno de los conceptos estrella que la entonces incipiente ciencia denominada «psicología» exportaría a diversos ámbitos de la sociedad: el cociente de inteligencia (CI). A partir de ese momento podían compararse las capacidades mentales de una persona en relación con las de sus congéneres.

En la actualidad, los partidarios de los test de CI consideran que dichas pruebas ofrecen la oportunidad para detectar y estimular los potenciales del individuo. Un punto de vista que desde el principio ha suscitado polémica. ¿Basta con un simple psicotécnico para determinar una característica tan compleja como la inteligencia? O, como dijera el escritor Hans Magnus Enzensberger: «No somos suficientemente inteligentes para saber qué es la inteligencia». Yendo un poco más allá, ¿deberían los científicos basarse en las pruebas de CI para estudiar las diferencias entre etnias o bien sexos? El debate está servido.

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