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1 de Marzo de 2012
Neurociencia

Tras el libre albedrío

Hace unos años el neurofisiólogo Benjamin Libet hizo furor con una serie de experimentos que refutaban la existencia de una voluntad no gobernada por la razón.

GEHIRN & GEIST / VOLKER STRAETER, BDM DESIGN

«¡Estás como una cabra!». Tal afirmación, dicha de manera espontánea, sin considerar el momento y a quién se la espeta, puede costarle a su autor el puesto de trabajo, una amistad o una reprimenda. Las personas no siempre planifican sus acciones (entre ellas, el hablar) con plena conciencia; estas también pueden surgir sin pensarlo («¿Por qué habré dicho eso?»).

La neurociencia atribuye capacidades psicológicas (entre ellas, la percepción y la planificación de las acciones) a procesos neuronales. Si además se tiene en cuenta que casi todos los procesos físicos atienden a regularidades fijas, es posible que los procesos cerebrales se encuentren determinados por procesos neuronales precedentes. En tal caso, ¿puede hablarse de una voluntad libre?

El neurofisiólogo estadounidense Benjamin Libet (1916-2007) desarrolló en los años ochenta del siglo xx una serie de tareas de laboratorio famosas por su originalidad. El científico tuvo oportunidad de examinar, en la Universidad de California en San Francisco, a pacientes operados del cerebro. Puesto que a los afectados se les había destapado el cráneo, Libet podía estimular directamente y por vía eléctrica la corteza cerebral sin que los pacientes sintieran dolor.

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