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1 de Septiembre de 2008
Neurodesarrollo

El mito del cerebro adolescente

Achacamos la crisis de la adolescencia a un cerebro inmaduro. Pero, ¿es el cerebro el causante de la crisis o es ésta la que configura el cerebro?

La rebelión juvenil no viene dada por la biología. Es un producto de la cultura ­occidental moderna. [FOTOLIA / ABSOLUT]

En síntesis

La investigación sobre la actividad y la anatomía cerebrales, basada en técnicas de neuroimagen, muestra que adolescentes y adultos utilizan el cerebro de forma diferente cuando acometen ciertas tareas. Se dice que estos estudios apoyan la idea de que un «cerebro adolescente» inmaduro es el responsable del estado de ánimo y los problemas de comportamiento de los adolescentes.

Sin embargo, las neuroimágenes no identifican necesariamente las causas de estos problemas. La cultura, la nutrición e incluso la propia conducta de los adolescentes repercuten en el desarrollo del cerebro. Diferentes investigaciones en distintos campos sugieren que la crisis de la adolescencia la causan factores culturales y no un cerebro inmaduro.

La investigación antropológica revela que los adolescentes de muchas culturas no pasan por crisis de ningún tipo y que sus problemas empiezan a aparecer solo después de la introducción de la escolarización, el cine y la televisión occidentales.. Los adolescentes tienen un potencial de rendimiento ejemplar, pero en nuestras sociedades los contenemos infantilizándolos.

No solo aparece en los titulares de los periódicos, sino incluso en las portadas de TIME, U.S. News & World Report y hasta en Mente y Cerebro. En esas revistas se han publicado artículos en los que se afirma que la causa de los problemas emocionales y el comportamiento irresponsable de los adolescentes estriba en un cerebro inmaduro, que no ha alcanzado el pleno desarrollo. Idea que se basa en estudios sobre la anatomía y actividad cerebrales de los adolescentes. Otras investigaciones, apoyadas en técnicas de neuroimagen, añaden que los adolescentes utilizan el cerebro de forma un tanto diferente de los adultos cuando realizan ciertas tareas.

Tras muchos años de investigación en psicología y como profesor ocasional de métodos de investigación y estadística, he ido interesándome de forma progresiva por el modo como se interpretan ese tipo de estudios. Aunque las técnicas de neuroimagen han arrojado una nueva y valiosa luz sobre la actividad cerebral, es peligroso presumir que la reproducción de la actividad de determinadas áreas del cerebro aporte necesariamente información útil sobre las causas del pensamiento, los sentimientos y la conducta.

En parte, es cierto. Sabemos que con el tiempo los genes de un individuo y su entorno —e incluso su propio comportamiento— van moldeando el cerebro. Existen claros indicios de que cualquier característica específica que pueda tener el cerebro de los adolescentes —suponiendo que exista alguna— es el resultado de las influencias sociales, no la causa de la crisis. Me parecen relevantes los siguientes datos para demostrar que el cerebro adolescente al que se refieren los titulares (inmaduro y que supuestamente causa los problemas en la adolescencia) no es más que un mito.

Consideraciones culturales

El cerebro de los adolescentes encaja en un mito más amplio, a saber: en la adolescencia, los jóvenes son inherentemente incompetentes e irresponsables. G. Stanley Hall (1846-1924) lanzó esa idea en 1904 con la publicación de Adolescence, un libro de dos volúmenes que constituyó todo un hito. Hall se engañó tanto por la agitación de la época como por una famosa teoría biológica que más tarde se demostraría errónea. Fue testigo del estallido de una revolución industrial y de las migraciones masivas que llenaron de cientos de miles de jóvenes las calles de las prósperas ciudades estadounidenses.

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