Estrés del astronauta

Las estancias prolongadas en el espacio no sólo atrofian los músculos de los astronautas, sino que comporta, además, una carga psíquica agobiante.

John Blaha había realizado ya cuatro vuelos en un trasbordador espacial. Volvía siempre con ánimos de emprender el siguiente cuanto antes. Tal era su afición. Pero cuando participó en una misión larga —cuatro meses en la estación espacial rusa Mir—, le sucedió algo inesperado. Una dura prueba. Sus experimentos comenzaron a frustrarse desde el primer día y no pudo seguir el plan establecido. Apenas dormía más de tres horas y no sabía nada de sus dos compañeros rusos de equipo; mantenían una relación tensa. El comandante no paraba de darle órdenes como si fuera un niño. Se sentía abandonado por el control de tierra.

Blaha se fue retrayendo cada vez más. Al llegar la noche, se refugiaba en su saco de dormir, sujetado con hebillas a la pared, contemplando las fotos de su esposa y de sus tres hijos. Se había desvanecido el encanto de su profesión. Y tardó en darse cuenta de que había sido vencido por algo más que una simple nostalgia: padecía una depresión.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso a la revista?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.