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Actualidad científica

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  • Mente y Cerebro
  • Septiembre/Octubre 2008Nº 32

Evolución

Evolución de la mente: del neandertal al hombre moderno

Los neandertales se extinguieron, en tanto que Homo sapiens prosperó. Una profunda diferencia en sus capacidades cognitivas pudo ser responsable de un destino tan opuesto.

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Hace más de 40.000 años, grupos de Homo sapiens remontaban el río Danubio hasta el centro de Europa. Se encontraron allí con los neandertales (Homo neanderthalensis), unos formidables cazadores y recolectores que habían logrado sobrevivir a los cambios climáticos, críticos y drásticos, catastróficos incluso, de los 40.000 años precedentes. Aunque parezca extraño, los dos grupos se habían conocido antes. Aproximadamente en el inicio de la última etapa glacial (hace 80.000 años), los neandertales se introdujeron en el Próximo Oriente, donde los Homo sapiens habían vivido durante unos 20.000 años. Aparentemente, los grupos de Homo sapiens no pudieron competir con sus parientes neandertales, dotados de gran cerebro, y se retiraron a Africa, su continente de origen. Pero el segundo encuentro tuvo un final muy diferente: después de unos 10.000 años, los neandertales se extinguieron.

Desde el punto de vista anatómico, estos últimos Homo sapiens eran indistinguibles de los primeros. Ambos evidenciaban su estrecho parecido con los humanos modernos; por tal motivo, y por mor de simplificación, nos referiremos a ellos como "humanos". Comparándolos con la corpulencia de los neandertales, ambos eran igual de enclenques. ¿Qué había, pues, sucedido? Los paleoantropólogos que tratan de dar respuesta a la cuestión avanzan hacia una propuesta de compromiso, aunque todavía no es unánime. Opinan que los Homo sapiens de hace 40.000 años tenían unas capacidades cognitivas de las que no disponían los neandertales. Las espectaculares pinturas rupestres de Francia y España indican que la diferencia fundamental pudo ser que nuestros antepasados del Paleolítico tenían la capacidad de utilizar símbolos y pensamiento abstracto. La convergencia aumenta al proponer —una tesis sumamente conjetural— como causa de su éxito la facilidad de los humanos para el lenguaje.

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