Inteligencia social

A todos nos gustaría tener inteligencia social, pero nadie sabe exactamente lo que es. Con nuevos métodos y la atención puesta en el cerebro los psicólogos van en su búsqueda.

GEHIRN UND GEIST / GINA GORNY

En síntesis

En los últimos decenios han surgido múltiples estudios en torno a la inteligencia social. Los investigadores siguen indagando.

La inteligencia social guarda una débil relación con el cociente intelectual:
la una no depende de la otra.

Quienes gozan de una decidida orientación social se revelan más satisfechos y cumplen mejor con sus obligaciones.

Consulta de psicoanalista en no importa qué lugar de Boston. Tumbado en el diván, el paciente desgrana sus temores, ante un abandono pronto de su hogar. El psiquiatra, sentado en el cómodo sillón de su despacho, escucha con atención, hace algunas preguntas y resume e interpreta lo relatado. Una escena que nos retrotraería a la consulta de Sigmund Freud en la Viena de 1900, de no ser por la presencia de algunos aparatos de técnica refinada: paciente y terapeuta portan clips metálicos en sus dedos índices, conectados mediante un cable a unos aparatos de medida. En un portátil se registran los datos y una cámara de vídeo lo va grabando todo.

No suelen ser frecuentes en las sesiones psicoterapéuticas tantas medidas de vigilancia. Las ha instalado Carl Marci, de la facultad de medicina de Harvard. Los clips de los dedos miden la conductibilidad eléctrica en la piel de ambos protagonistas. Equivale a medir la secreción de sudor. Más tarde, el ordenador comparará las curvas de uno y otro y mostrará cuándo transcurren paralelas, superpuestas, y cuándo divergen.

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