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1 de Octubre de 2004
Inteligencia artificial

Los axiomas de la conciencia

¿Se puede aprender de los ordenadores algo sobre la consciencia humana? Muchos neurocientíficos lo niegan. Opinión que no comparten algunos estudiosos de la inteligencia artificial.

DEFD MOVIES

En síntesis

La creación de máquinas inteligentes podría ayudar a desentrañar el enigma de la consciencia. Diversos investigadores intentan producir seres artificiales capaces de comportarse como si fueran conscientes de sí mismos.

Las reproducciones robóticas de la consciencia deben cumplir un mínimo de axiomas necesario: sentido del lugar, poder de respresentación, atención dirigida, planificación, capacidad de decisión y sentimientos.

Una vez instalados los cinco mecanismos axiomáticos en un robot, podría conocerse el funcionamiento de la consciencia humana.

El onceañero David quiere a su madre. Nada de particular, si no fuera por la controversia que desató. Al menos entre los espectadores de la película A. I., de Steven Spielberg, pues David es un robot controlado por un ordenador. Un programador le instaló sentimientos. Pero David desarrolla sus propias ideas y deseos, tiene consciencia de sí mismo y, precisamente por ello, es poco correspondido. Al fin y al cabo, las emociones son algo exclusivo de los humanos, algo inmaterial que no es posible originar artificialmente.

La película de Spielberg traslada la acción al año 2193. Pertenece, pues, al dominio de la ciencia-ficción. Pero ¿por qué no puede llegar un día en que una máquina afirme que tiene consciencia? Se han multiplicado los intentos de hacerlo realidad. Un número cada día mayor de científicos trabaja, en todo el mundo, en la creación de la inteligencia artificial. Mas, aun cuando al final de la evolución del espíritu mecánico apareciera un nuevo David, el objetivo prioritario del empeño busca arrojar luz sobre una de las cuestiones más difíciles de las neurociencias: ¿cómo se origina la consciencia en los seres vivos?

Así al menos lo ven muchos investigadores dedicados al progreso de la inteligencia artificial. Pero la idea de que se puede aprender de los ordenadores algo sobre nuestra consciencia debe habérselas con un sinfín de objeciones. Se aduce, sobre todo, que la consciencia tiene que ver con la vida, la evolución y la humani­dad. Una máquina, por el contrario, es una cosa fría y sin vida, proyectada por un espíritu limitado y no puede tener, por tanto, sentimientos humanos. Desde esta perspectiva, no nos sorprenderá que muchos, los legos en particular, consideren una contradicción en los términos la idea de una máquina consciente de sí misma.

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