Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Enero de 2004
Comportamiento

Razón y conjetura

Creemos conocer siempre los motivos de nuestras acciones. La verdad es otra. Inventamos justificaciones más o menos plausible y acordes con cada circunstancia para explicar un comportamiento.
El cirujano, sus ayudantes y el equipo auxiliar rodea la mesa de operaciones y se inclinan para inspeccionar la cabeza de una muchacha de dieciséis años, cuyo cráneo está abierto. Empieza el reconocimiento. El neurocirujano manda corrientes al cerebro de la joven a través de cables eléctricos. La paciente se halla en un estado de plena consciencia. La adolescente, llamémosla Alicia Prado, padece epilepsia y los médicos buscan el "foco epiléptico", una minúscula zona donde arranca la tormenta neurológica cerebral. De pronto sucede algo extraño. Cuando los médicos estimulan determinados puntos de la región anterior del hemisferio cerebral izquierdo, Alicia comienza a reír.
A la pregunta de por qué se ríe, responde: "Porque me parecéis muy raros, con esos gorros verdes, alrededor de mi cama". En otro momento, los cirujanos estimulan el cerebro de la chica mientras ésta contempla la figura de un caballo. También el animal le resulta divertido. Nunca hay, sin embargo, una respuesta del tenor siguiente: "No sé en realidad por qué me viene esta risa incontenible y además tan repentina". Alicia encuentra siempre una razón adecuada para explicarse lo que percibe en ese momento y de cuyo sentido está plenamente convencida.

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.