El yo desarraigado

Para el desarrollo de una personalidad equilibrada es necesario establecer, desde el nacimiento, firmes vínculos emocionales. En su defecto aparecen taras psíquicas.
El pequeño se encuentra en la fría sala de exploración acurrucado, chupándose el pulgar, con los ojos muy abiertos. No hay más que una malla de hilo metálico forrada de gomaespuma y peluche a la que pueda agarrarse. Desde que salió su madre, sigue abrazado a ese objeto. Del miedo que tiene, ni siquiera bebe.
La escena no pertenece a ningún psicodrama cinematográfico. Transcurre en el laboratorio de Harry Harlow, de la Universidad de Wisconsin. Desde los años sesenta, este etólogo se interesa por el comportamiento de los animales en busca de protección. Separaba de sus progenitores a crías de monos Rhesus y les daba a elegir entre dos "madres sustitutas", formadas por rollos de tela metálica con una cabeza de madera. En una se le ofrecía un biberón con leche. La otra no portaba alimento, pero estaba forrada de gomaespuma y peluche.

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