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1 de Marzo de 2019
Psicología social

Agradamos más de lo que nos imaginamos

Por lo general, causamos en los demás una mejor impresión de la que nos imaginamos.

Por lo general, caemos mejor a las demás personas de lo que pensamos. [Getty Images/PeopleImages/iStock]

Al parecer, tenemos una idea equivocada de la impresión que causamos en las otras personas. Según Erica Boothby y su equipo, de la Universidad Cornell, infravaloramos lo bien que les caemos a nuestros congéneres.

En su estudio, los investigadores sentaron a dos voluntarios del mismo sexo que no se conocían en una mesa y dejaron que charlaran durante cinco minutos. A continuación, ambos debían indicar en qué medida les había agradado su interlocutor y si les gustaría conocerlo más a fondo. Por último, les pidieron que imaginasen qué diría el otro sobre su persona. Por lo general, los participantes subestimaban la impresión que habían causado en el otro. Ello no tenía nada que ver con la modestia ni la tendencia a la autoprotección, como se demostró en estudios posteriores. El motivo más probable era la timidez de los participantes: de promedio, los voluntarios retraídos, en una escala del 1 al 7, presentaban una desviación de medio punto en su valoración, mientras que el tercio con la máxima introversión se desviaba un punto entero.

¿A qué se deben esos resultados? Para averiguarlo, los investigadores mostraron las filmaciones de las conversaciones a individuos que no habían participado en la prueba y les pidieron que valoraran la simpatía que se tenían los interlocutores que en ellas aparecían. Si bien existían suficientes indicios para hacerse una idea, los propios involucrados no percibían esa información. Es más, los implicados estaban más pendientes de autocensurarse. Posiblemente, este «duro crítico interior» les ocultaba las señales positivas.

Asimismo, los psicólogos encuestaron a unos 100 alumnos que cursaban el primer semestre de carrera en la Universidad Yale y que compartían habitación con otro estudiante al que no conocían. De hecho, era en el departamento de administración de la universidad donde se decidía la pareja de alumnos que iban a convivir durante el curso según las preferencias de cada uno de ellos. En esta investigación también se constató que los estudiantes subestimaban la impresión que causaban en su compañero de habitación. Para evitar las valoraciones moderadas, los científicos ofrecieron 100 dólares a quien más se aproximara a la impresión que había causado en el compañero. Tampoco así mejoró el resultado. Solo en el transcurso del primer año de carrera se redujo la brecha entre la estimación imaginada y la real. «Quizá por entonces ya se conocían lo suficiente o había decidido si querían continuar conviviendo, por lo que la simpatía mutua se ponía de manifiesto», concluyen los autores.

Fuente: Psychological Science, 10.1177/0956797618783714, 2018

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