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  • Marzo/Abril 2019Nº 95
Libros

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Consciencia, mente y libre albedrío

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BRAINSTORMS
PHILOSOPHICAL ESSAYS ON MIND AND PSYCHOLOGY
Por Daniel C Dennett
The MIT Press, Cambridge, Mass, 2018

Cuando se publicó Brainstorms en 1978, el campo interdisciplinar de la ciencia cognitiva comenzaba a tomar forma. Daniel C. Dennett era un joven profesor que se propuso sacar a los filósofos de su ensimismamiento para introducirlos en las cuestiones de psicología, lingüística y computación. El conocimiento que adquiramos de nosotros mismos mediante la ciencia, resalta, coloca la propia moral sobre fundamentos sólidos. Propuesta que, dicho sea de paso, no acaba de encajar con su oposición al determinismo genético.

Daniel Clement Dennett nació en Boston en 1942, de padre diplomático y experto en Islam y de madre profesora. Estudió filosofía en la Universidad Harvard y se doctoró en la de Oxford, bajo la dirección de Gilbert Ryle, quien le introdujo en el campo de la consciencia. Sobre este tema preparó su tesis doctoral, de la que nació su primer libro, Content and Consciousness (1969). De vuelta a Estados Unidos, fue contratado primero por la Universidad de California en Irving, de donde pasó a la de Tufts, en Medford, Massachusetts. Completó su formación filosófica con incursiones autodidactas en el campo de la ciencia de la computación, la psicología cognitiva y la neurociencia. Autor prolífico, se ha ocupado en particular de la consciencia. Ha escrito Consciousness Explained (1991) y Darwin´s Dangerous Idea (1995), obra esta última donde se propone mostrar que la selección natural es el motor de la evolución del cerebro y de la consciencia humana. Vuelve a abordar esos temas en Neuroscience and Philosophy (2007), donde recoge una serie de intercambios entre Dennett, John Searle, Maxwell Bennett y Peter Hacker. Menos afortunado fue en su propuesta de un darwinismo radical, dependiente de Richard Dawkins, cuya debilidad científica puso el paleontólogo Stephen Jay Gould de manifiesto.

Brainstorms apareció el mismo año en que la Fundación Alfred P. Sloan inauguraba su programa generoso de apoyo a la ciencia cognitiva, financiando las investigaciones de diverso enfoque que tuvieran alguna relación con la materia. Pronto se fue dibujando un pentágono interdisciplinar constituido por la filosofía, la psicología, la lingüística, la ciencia de la computación y la neurociencia. En el vértice filosófico estaba Dennett, junto con Jerry Fodor, Gil Harman, Bert Dreyfus, John Searle y los Churchland. En el de los psicólogos se encontraban Georges Miller, Roger Shepard, Anne Treisman, Ulric Neisser, Zenon Pylyshyn y Philip Johnson-Laird. En el vértice de los lingüistas, Noam Chomsky, Ray Jackendoff, Jim McCawley, Barbara Partee y George Lakoff. En el de la ciencia de la computación, Allen Newell, Herbert Simon, Marvin Minsky, John McCarthy, Roger Schank y Terry Winograd. Y en el vértice de la neurociencia, Michael Gazzaniga, Brenda Milner, Marcus Raichle y Michael Posner.

Es Brainstorms, una colección de 17 ensayos que no han resistido el paso del tiempo ni los avances en filosofía desde la propuesta de David Chalmers sobre el problema duro de la consciencia, ni en neurociencia con la labor de Christof Koch (científico bien conocido por los lectores de Mente y Cerebro). Cierto es que realiza un esfuerzo extraordinario de claridad y análisis fino de lo que él considera prejuicios muy asentados. Aportó unos experimentos mentales muy ingeniosos, que se han venido repitiendo. Los ensayos se agrupan en cuatro secciones: explicación intencional y atribuciones de mentalidad; naturaleza de la teoría en psicología; objetos de consciencia y la naturaleza de experiencia, y libre albedrío y personalidad.

Al recordar en la introducción, nueva, la trayectoria del libro a lo largo de los algo más de cuarenta años transcurridos, explica que fue el ensayo «Mechanism and responsibility» su primera articulación del concepto de actitud intencional, básico en su pensamiento, lo mismo que el ensayo «Are dreams experiences?» presenta ya una teoría unificada e integral de la mente que irá perfilando con el tiempo. Cuando se plantea en qué consiste una teoría filosófica de la mente, empieza por desbrozar la noción de teoría. Se llaman teorías, expone, diversas producciones intelectuales muy dispares: teoría de partículas en física, teoría de conjuntos en matemática, teoría de juegos, teoría literaria, teoría de la evolución o teoría de la identidad en filosofía de la mente. Algunas cosas se denominan teorías cuando sería más apropiado llamarlas hipótesis, pues carecen, entre otras cosas, de poder predictivo. Las teorías filosóficas son hipótesis, remacha; son grandes generalizaciones que no se ramifican en vastas estructuras de detalles organizadas, ni predicen efectos novedosos.

Abonado a un naturalismo estricto, contrapone la tesis de la identidad, según la cual la mente es el cerebro, al dualismo, que él resume en la defensa de la existencia de dos tipos de fenómenos u objetos, a saber, mentales y cerebrales. Por difícil que nos parezca que el cerebro pueda llegar a entenderse a sí mismo, no cabe otra aproximación que el método científico. Aunque a él, contrario a cualquier lenguaje filosófico de escuela o ensimismado, le gusta crear sus propias adscripciones no siempre inteligibles: «Soy una especie de teleofuncionalista»; «estoy preparado para salir del armario como algún tipo de verificacionista».

Pero las declaraciones no aportan luz a la ciencia. Hace veinte años, dos jóvenes estaban sentados en una cervecería de Bremen: el neurocientífico Koch y el filósofo Chalmers, que habían estado disertando sobre la ciencia en una conferencia y todavía seguían teniendo cosas que decir. Entre vaso y vaso, Koch propuso una apuesta: jugarse una caja de botellas de buen vino a que en el transcurso de los siguientes veinticinco años alguien descubriría una signatura específica de consciencia en el cerebro. Chalmers aceptó el reto. Fue un juego divertido no exento de audacia. La consciencia es un misterio real. Es la esencia del sujeto, la rojez del rojo, el sentimiento de estar enamorado, la sensación de dolor y el resto de nuestras experiencias subjetivas se hallan de alguna forma conjuradas en nuestro cerebro. La apuesta sigue abierta. Mas, resulta tan huidiza la consciencia, que muchos creen que ni siquiera es cuestión propia de investigación científica.

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