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1 de Marzo de 2019
Neuroimagen

El pronóstico incierto del coma

Los investigadores buscan pronosticar la evolución de los pacientes en estado vegetativo a partir de escáneres cerebrales.

Getty Images / sudok1 / iStock

En síntesis

Los pacientes en estado vegetativo parecen despiertos, pero no manifiestan reacciones conscientes. Algunos no superan ese estado y mueren; otros, en cambio, alcanzan una «consciencia mínima» e, incluso, se recuperan.

Resulta sumamente difícil pronosticar qué pacientes recuperarán la consciencia. También es complejo para los médicos determinar si un paciente que se encuentra en estado vegetativo posee un grado de consciencia mínima.

Los investigadores buscan pronosticar la evolución de los afectados a través de técnicas de neuroimagen para evitar los diagnósticos erróneos. Sin embargo, estas técnicas requieren tiempo y tienen un coste económico elevado.

Pocas situaciones resultan quizá tan aterradoras como la de que, tras un accidente, se yace inconsciente en la cama de un hospital y no se vuelve a despertar jamás. Después de sufrir un daño cerebral grave, algunas personas entran en el llamado coma vigil o estado vegetativo. Unas permanecen en esa situación meses; otras, aunque son casos más excepcionales, permanecen en ese trance durante años. Pero nadie sabe qué afectados recuperarán la consciencia, siquiera en parte, lo que genera una incertidumbre insoportable para los allegados y un gran dilema para los médicos responsables del tratamiento. De hecho, del diagnóstico depende que se tomen medidas para la rehabilitación del paciente o, en los casos menos favorables, que se desconecte la máquina de soporte vital. Como norma general, si el sujeto conserva signos de consciencia, existen esperanzas de mejoría. Pero no es fácil determinar ese estado.

Los médicos utilizan la escala de coma de Glasgow como método rutinario para la exploración del estado de consciencia de los pacientes. A partir de esta prueba evalúan sus reacciones a una serie de estímulos acústicos, visuales y táctiles. ¿Abre los ojos cuando le hablan? ¿Reacciona si se le muestra su imagen reflejada? ¿Se estremece ante un estímulo doloroso? ¿Puede obedecer órdenes como «apriete la mano»? ¿Articula palabras? En función de la intensidad de sus reacciones, el paciente obtiene más o menos puntos. Si en exploraciones diferentes recibe de manera reiterada una puntuación determinada, los médicos parten del supuesto que presenta un estado de consciencia mínima.

Sin embargo, este procedimiento presenta debilidades, pues muchos de los pacientes que se encuentran en un estado de consciencia mínima reciben un diagnóstico erróneo. A tenor de un estudio de revisión publicado en 2015 por la Clínica Universitaria de Múnich, en más de un tercio de los pacientes con consciencia mínima se considera que presentan un «estado vegetativo». Las consecuencias son graves, como destaca Andreas Bender, autor principal de la investigación: «Es posible que muchos pacientes con consciencia mínima sean víctimas de un juicio erróneo sobre su estado y les falte por ello el trato personal que suele obtener un paciente e, incluso, que reciban cuidados paliativos prematuramente».

Diagnosis compleja

Pero ¿cómo se llega a un índice tan elevado de diagnósticos erróneos? La exploración exhaustiva del estado de consciencia comporta mucho tiempo, pues no resulta extraño que los pacientes reaccionen con retraso a los estímulos de las pruebas. Además, como sucede con el resto de los órganos, el rendimiento del cerebro fluctúa. Por todo ello, las pruebas de reacción ante estímulos deberían repetirse con frecuencia y, a ser posible, en distintos momentos del día. Este proceso es laborioso y genera costes que algunas clínicas, por lo visto, se ahorran.

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