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Sueños lúcidos: imágenes casi reales

Nuevas investigaciones demuestran que las ensoñaciones conscientes son más parecidas a la realidad que a la imaginación.

La capacidad de ser consciente de que se está soñando se puede aprender. [Getty Images / Grandfailure / iStock]

La noche del 7 de junio de 1525, el artista del Renacimiento alemán Alberto Durero soñó con el Apocalipsis. Cautivado por las imágenes del sueño, tan solo despertarse las plasmó en una acuarela. Bajo la terrible escena que había pintado, escribió: «En 1525, durante la noche entre el miércoles y el jueves después de Pentecostés, tuve esta visión en un sueño; vi cómo grandes cascadas de agua caían del cielo. La primera chocó contra el suelo, a unos seis kilómetros del lugar en el que yo me encontraba, y lo hizo con una fuerza tan devastadora, un ruido y una expansión enormes, que se inundó todo el campo. [...] Al despertarme, me temblaba todo el cuerpo, y tardé tiempo en recuperarme. Cuando me levanté por la mañana, pinté la imagen tal y como la había visto. Quiera el Señor que todo sea para bien».

Hoy en día, la obra Visión onírica de Durero se conoce como una de las primeras representaciones pictóricas de una imagen vista en sueños y como una de las más realistas (en contraste con las representaciones idealizadas de imágenes oníricas que solían pintar los artistas de la época). Sin embargo, el núcleo fundamental de la experiencia que sufrió Durero no es, ni mucho menos, único: la mayoría de nosotros podemos recordar con cierto detalle algunas de las visiones impresionantes que hemos tenido en un sueño. Sin embargo, lo que no está tan claro es la forma en que dichas imágenes se relacionan con nuestras experiencias visuales cuando estamos despiertos, dadas las dificultades técnicas que entraña comunicarse con alguien que se encuentra soñando.

En los últimos años, algunos científicos han utilizado una estrategia única para estudiar el contenido visual de los sueños, la cual implica la colaboración con soñadores lúcidos, es decir, con personas que son conscientes de estar soñando y, pese a ello, capaces de continuar dentro de su ensoñación.

El cerebro de los soñadores conscientes

Es posible que los sueños lúcidos sean la experiencia perceptual más extravagante con la que nos podamos encontrar. Uno está dormido y soñando pero, de repente, se da cuenta de que solo se trata de un sueño. En este momento puede escoger entre despertarse o continuar soñando, con una ventaja importante: ahora es consciente de que el mundo que le rodea es únicamente una creación de la propia mente. Como Neo después de despertar en la película Matrix, en ese momento puede modificar las leyes de la física a su antojo; puede volar, atravesar paredes o detener balas con las manos. «No hay cuchara», dice el protagonista del filme para referirse a que no hay realidad (o una cuchara que doblar), sino que todo se encuentra en la mente.

La mayoría de las personas experimentará como mínimo un sueño lúcido a lo largo de su vida. En lo que a los autores de este artículo se refiere, Susana tiene sueños lúcidos de forma ocasional (durante casi un año puede no experimentar ninguno, pero al cabo de ese tiempo puede tener dos en dos noches consecutivas). Stephen, en cambio, todavía no ha tenido ninguno.

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