Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2015Nº 70

Neurociencia

Cerebros de silicio

Los chips de computadora inspirados en las neuronas humanas pueden contribuir a la investigación neurocientífica, además de evitar el colapso de la tecnología informática.

Menear

Kwabena Boahen obtuvo su primer ordenador de adolescente, en 1982. Por entonces vivía en Accra, ciudad de Ghana. «Era un chisme precioso», recuerda. Con conectar al dispositivo un reproductor de casetes para almacenar los datos y un televisor que hacía las veces de pantalla, ya podía empezar a escribir programas.

No obstante, su entusiasmo inicial se esfumó cuando descubrió cómo funcionaban las tripas de la computadora. «Vi que el procesador central enviaba datos sin parar, de acá para allá. Pensé: “¡debe trabajar como un loco!”». De manera instintiva percibió que el diseño de los ordenadores requería un poco más de «África». «Algo más distribuido, más fluido, menos rígido», aclara.

Este profesor de bioingeniería en la Universidad Stanford, en California, forma parte del reducido grupo de investigadores que intentan crear computadoras por «ingeniería inversa», es decir, imitando el funcionamiento del cerebro humano.

El cerebro es un órgano eficiente en su consumo de energía y es capaz de efectuar cómputos que desafían a los más potentes superordenadores. A pesar de sus componentes imperfectos: las neuronas constituyen un revoltijo de materia orgánica, mudable y lenta. Sin embargo, comprende el lenguaje, efectúa razonamientos abstractos y controla los movimientos, entre otras habilidades, y todo ello con un tamaño menor que una caja de zapatos y un consumo energético inferior al de una bombilla eléctrica doméstica. Nada en él se parece, ni remotamente, a un procesador central.

Con el objetivo de lograr proezas similares a partir de silicio, los científicos trabajan en la construcción de sistemas de chips no digitales que funcionen de forma tan afín como sea posible a las redes neuronales biológicas. Hace unos pocos años, Boahen creó un dispositivo, de nombre Neurogrid, capaz de emular un millón de neuronas (el cerebro de una abeja contiene un número similar de estas células nerviosas).

Puede conseguir el artículo en:

Artículos relacionados