Evocaciones fantasiosas

Los niños, por su forma de aprender, generan más recuerdos falsos que los adultos.

BORIS SÉMÉNIAKO

Según el saber popular, los niños son testigos poco fiables, pues a menudo «recuerdan» cosas que no han ocurrido. Sin embargo, un amplio conjunto de investigaciones han indicado que son los adultos quienes generan más recuerdos falsos. Un estudio reciente ha dado una vuelta más de tuerca: revela que los unos son tan propensos como los otros a generar recuerdos falsos, pero destaca a los más pequeños. Es posible que los métodos de investigación utilizados hasta ahora no fueran adecuados.

Por lo común, los investigadores presentan a los probandos una lista de palabras (por ejemplo, «lágrimas», «pena» y «llanto») que se encuentran temáticamente vinculadas con otra que no aparece en la lista (en este caso, «llorar»). Después les preguntan qué palabras recuerdan. Por lo general, los adultos mencionan la palabra ausente («llorar») con mayor frecuencia que los niños, posiblemente, porque sus experiencias vitales les facultan para establecer con mayor facilidad asociaciones entre conceptos, según explica Henry Otgaar, psicólogo forense de la Universidad de Maastricht y coautor del trabajo publicado el mayo pasado en Journal of Experimental Child Psychology.

En lugar de recurrir a listas de palabras para investigar falsos recuerdos, Otgaar y sus colaboradores mostraron a los probandos fotografías de diversas escenas, entre ellas, un aula, un funeral y una playa. Tras un breve descanso, preguntaron a los participantes si recordaban haber visto determinados objetos en cada foto. En los tres experimentos, los sujetos de siete u ocho años de edad afirmaban haber visto elementos que no aparecían en las imágenes con mayor frecuencia que los adultos.

Estudios anteriores han revelado que los niños tienden a basarse en la esencia de un recuerdo cuando realizan inferencias sobre él. Si ven un aula escolar pueden suponer que también vieron lápices, porque en las clases suele haberlos. Este proceso de identificación de regularidades facilita el aprendizaje durante el crecimiento. Los adultos, en cambio, apelan más a la rememoración de detalles concretos para reconstruir una escena. Es probable que el nuevo estudio, al recurrir a imágenes en lugar de a listas de palabras, refleje mejor cómo se producen los falsos recuerdos en la vida real. Después de todo —explica Otgaar— la experiencia del mundo que tenemos suele ser visual.

Los autores señalan que el hallazgo puede ayudar a encontrar testimonios más fiables, tanto de niños como de adultos, pues leves cambios en la formulación de las preguntas podrían modificar lo que recuerdan los testigos. Al dirigirse a niños, por ejemplo, los letrados deberían evitar darles pistas para incitar su recuerdo, o ser demasiado descriptivos en sus expresiones, pues podrían provocar la activación del sistema de formación de regularidades y favorecer, con ello, la generación de recuerdos falaces.

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