Fotografías ilusorias

El retrato fotográfico trasciende realidades y fantasías.

ULRIC COLLETTE

La imprecisión fotográfica no existe.
Todas las fotografías son rigurosamente fieles.
Ninguna expresa la verdad.
—Richard Avedon (1923-2004)

El retrato, en cuanto forma artística, se propone captar la naturaleza interior y profunda de una persona. Por ello, un retrato de calidad puede resultar más verídico, más sincero, que la mera observación superficial del sujeto al que reproduce. La fidelidad en la representación es intrínseca a la fotografía; aun así, las ilusiones de este artículo esquivan limitaciones de somero calado: bucean hacia su meollo. En tal sentido, estas imágenes constituyen «los más mágicos de los espejos», como describía Oscar Wilde el cuadro sobrenatural en torno al cual gira la trama de su famosa novela de 1890, El retrato de Dorian Gray. A grandes rasgos, la historia cuenta cómo el protagonista, Dorian Gray, conserva intacta su juventud, mientras que su retrato, guardado en el ático, va corrompiéndose y plasmando su verdadera edad y su depravación moral. En palabras de Wilde, «[la pintura] le había revelado su propio cuerpo, por lo que le revelaría su propia alma».

Las personas que aparecen en las imágenes siguientes son herederos de Gray. No se trata de meros parecidos; relatan historias de mayor hondura sobre cuán fácilmente el aspecto puede llevar a engaño. Algunas fotografías presentan duplicados falaces; otras funden dos sujetos en uno solo. Pero la única magia que albergan se halla en los sistemas visual y cognitivo del cerebro del espectador. ¿Sabría usted distinguir la imagen original de su reflejo?

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