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1 de Enero de 2015
Retrospectiva

Los críticos de Freud

En mayo de 1913, la plana mayor de la psiquiatría se reunía en Breslau para debatir sobre el aún incipiente psicoanálisis. Su veredicto: la propuesta freudiana no era científica y ponía en peligro la reputación de la medicina.

FERDINAND SCHMUTZER / DOMINIO PÚBLICO (Freud, izquierda); DOMINIO PÚBLICO (Bleuler, derecha)

En síntesis

A comienzos del siglo XX, el psicoanálisis de Sigmund Freud fue objeto de fuertes controversias.

Reputados médicos mostraron su desacuerdo con los planteamientos freudianos, sobre todo con la comprensión de la verdad y la, según su parecer, metodología poco científica.

Las teorías de Freud sobre el inconsciente y los deseos sexuales reprimidos iban en contra del espíritu reinante en la época.

Un año antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el imperio alemán bullía. Desde hacía algunos meses, los socialdemócratas eran el grupo parlamentario más fuerte, logro que los conservadores observaban con recelo. Las tensiones entre Alemania y Gran Bretaña aumentaban, no solo por el rearme de la flota alemana. Al mismo tiempo, el ejército germano caía en descrédito por actos arbitrarios, lo que derivó en el primer voto de censura contra un canciller del Reich. También por esas fechas, el movimiento artístico Die Brücke se disolvía y Rudolf Steiner fundaba la Sociedad antroposófica en Berlín [véase «Los orígenes de la antroposofía», por Steve Ayan; Mente y cerebro n.o 59, 2013].

Ese mismo 1913 aconteció un evento que, aunque quizá menos llamativo, resultó representativo de esa época. Los miembros de la Asociación Alemana de Psiquiatría se citaban en Breslau para celebrar su reunión anual. Neuró­logos y psiquiatras de prestigio acudieron a la ciudad silesia: Alois Alzheimer, Karl Bonhoeffer, Emil Kraepelin y Robert Gaupp, entre ellos. La primera jornada versó sobre un hombre que, por entonces, se encontraba lejos de convertirse en «una leyenda». Sigmund Freud y su psicoanálisis no interesaban a los congresistas por motivos científicos. Sin embargo, Freud estaba en boca de todos. No se hallaba aislado, como él mismo afirmaba; tampoco era uno de tantos, como más tarde los críticos quisieron hacer creer.

En el imperio alemán tardío, grupos sociales muy diversos (psiquiatras, movimientos juveniles y literatos, entre ellos) se ocuparon de distintos aspectos del psicoanálisis. Quienes mostraban confianza en el planteamiento psicoanalítico extrajeron de él la parte que más les interesaba, fuera «veracidad», «sublimación» o «sexualidad».

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