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1 de Enero de 2015
Psicoterapia

Repensar los pensamientos de nuestro pensar

La metacognición, lo que creemos sobre nuestros pensamientos, podría aliviar trastornos del ánimo. Incluso la esquizofrenia.

ISTOCKPHOTO

Las convicciones sobre nuestra forma de pensar pueden modelar la propia vida de formas sorprendentes. Hallazgos recientes apuntan a que la terapia orientada a la metacognición puede aliviar la ansiedad y otros trastornos del ánimo, e incluso reducir síntomas de psicosis.

La metacognición suele adoptar la forma de un juicio de valor sobre los propios pensamientos. Por ejemplo: «Es malo que yo lo analice todo una y otra vez». Se ha demostrado que estas convicciones metacognitivas pueden desempeñar un papel importante en el trastorno obsesivo-compulsivo, la depresión y la ansiedad generalizada, entre otras dolencias. Es posible, en particular, que tales convicciones importen más que la forma en que enmarcamos mentalmente las situaciones, como cuando nos fijamos en los aspectos negativos de lo ocurrido en nuestra vida. No obstante, la psicoterapia suele prestar atención a este encuadre mental (valoración cognitiva) sin atender, en cambio, a la metacognición. Ello puede ir en detrimento del paciente, indica Jennifer L. Hudson, psicóloga de la Universidad Macquarie, en Australia.

Un estudio publicado en otoño de 2013 en Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology señalaba que en un grupo de 83 niños, quienes sufrían episodios de ansiedad albergaban convicciones más negativas («La preocupación podría hacer que me vuelva loco») o más positivas («Cuando me preocupo, me siento mejor») que los sujetos no ansiosos. Hudson, coautora del estudio, sugiere: «Estas convicciones pueden desempeñar un papel causal o de mantenimiento, cuando menos en los trastornos de ansiedad».

Según un conjunto creciente de investigaciones, la terapia metacognitiva puede constituir un tratamiento eficaz para la ansiedad y otros trastornos del estado de ánimo. En esta terapia, desarrollada en 2008 por Adrian Wells, de la Universidad de Manchester, se enseña al paciente a reconocer y reestructurar aquellos pensamientos metacognitivos que actúan de refuerzo en mecanismos contraproducentes ante una situación («Mi angustia es incontrolable», por ejemplo), en la misma línea que la terapia cognitivo-conductual (TCC) se orienta hacia convicciones inadaptadas (como «el mundo es peligroso»). La técnica contribuye también a que las personas se tornen más flexibles en su pensar sobre sus pensamientos, en lugar de caer, por defecto, en la rumiación obsesiva.

En un ensayo con una muestra pequeña de participantes, cuyos resultados se publicaron en 2013 en Japanese Journal of Personality, se examinó si la terapia metacognitiva alcanzaba a reducir la rumiación depresiva al infirmar las convicciones positivas relativas a este estilo de pensamiento (entre ellas, «una reflexión prolongada permite comprender mejor las situaciones»). Los investigadores asignaron al azar a 12 estudiantes de primer ciclo, con elevados índices de rumiación psíquica, a un grupo de intervención de dos semanas de duración; otros 11 probandos, sin tratamiento, sirvieron de control. La técnica redujo la tendencia de los sujetos tratados a encastillarse en sus pensamientos negativos.

Otra investigación, publicada en el Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, halló que la terapia metacognitiva reducía síntomas en cuadros psicóticos. Según los autores, los resultados de estudios sobre TCC para el tratamiento de patologías psicóticas resultaban ambiguos. En su ensayo, diez pacientes con trastornos dentro del espectro de la esquizofrenia recibieron hasta doce sesiones de terapia metacognitiva, repartidas en un período de nueve meses. Al final del tratamiento, cinco de los diez participantes presentaban una reducción de al menos un 25 por ciento en sus síntomas. De estos cinco, cuatro mantenían la mejoría en un seguimiento realizado tres meses después.

Aunque se requieren estudios más extensos, son muchos los investigadores y los clínicos que empiezan a considerar que el tratamiento no debe limitarse a los pensamientos concretos de los pacientes, sino que debe explicar las convicciones subyacentes que pudieran reforzarlos. «Los factores metacognitivos son cruciales en la determinación de los estilos de pensamiento contraproducente en los trastornos psicológicos», afirma Robin Bayley, de la Universidad de Manchester y autor de un artículo reciente donde señala que ciertas metacogniciones se hallan en correlación positiva con la ansiedad. «La forma en que se piensa puede ser más importante que lo que se piensa», concluye.

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