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1 de Enero de 2015
Comportamiento

Videojuegos: efectos del avatar en la psique

Los entusiastas de los juegos en línea desarrollan una estrecha relación con su personaje virtual. Ello influye la conducta del jugador en la vida real; incluso a largo plazo.

Muchos jugadores de ordenador presentan una estrecha relación con su personaje del mundo virtual; incluso similar a la que mantienen con las personas. [CORTESÍA DE BLIZZARZ ENTERTAINMENT (captura de videojuego); THINKSTOCK / OSTILL (jugador)]

En síntesis

Cuando los entusiastas de los videojuegos se mueven por un mundo de fantasía con su personaje virtual, experimentan el efecto de la ilusión de corporización: tienen la sensación de meterse en el cuerpo de su avatar.

Mediante técnicas de neuroimagen se ha constatado que los videojugadores se sienten emocionalmente tan próximos a su avatar como a su mejor amigo.

Esta relación influye en el comportamiento del jugador en un entorno real: quien adopta el papel virtual de un superhéroe se siente, tras entretenerse con el videojuego, más dispuesto a ayudar.

Un rayo deslumbrante golpea al guerrero. Antes de que caiga derribado, el enorme Heigan toma impulso para asestarle un nuevo golpe, pero la hechicera Darkjeanie lo contraataca también con un potente rayo. El monstruo ha descuartizado ya a ocho de los nueve combatientes que la secundaban. Ahora, junto con su último compañero, la maga ataca infatigablemente al gigante, quien, pese a sus esfuerzos, apenas parece inmutarse.

Sentado frente a la pantalla de su ordenador, Övünc dirige concentrado los movimientos de su hechicera. Deja que el personaje virtual alterne la lucha contra Heigan con la curación de sus heridas. El silencio reina en la habitación. Gotas de sudor resbalan por la frente de Övünc. De vez en cuando murmura frases cortas en el micrófono que, conectado a los auriculares, pende a pocos centímetros de su boca. Durante casi ocho minutos, permanece inmóvil. De pronto, su rostro se ilumina. Presiona con rapidez y repetidas veces el botón del ratón. Las ráfagas de luz se suceden de nuevo en el monitor. Al fin, el enemigo se desploma. Gritos de júbilo resuenan a través de los cascos. ¡Hemos ganado la batalla! Övünc respira hondo, aparta un poco su silla de la mesa y comunica al resto de los compañeros: «Chicos, necesito una pausa para tomar un café». Como respuesta obtiene un murmullo de aprobación.

Desde hace ocho años, Övünc juega a World of Warcraft (WoW), un juego de rol en línea. Junto con la hechicera Darkjeanie, su personaje virtual, lucha en este mundo ficticio, experiencia que les ha unido estrechamente. En sus momentos álgidos, este estudante de 30 años llegó a compartir unas 25 horas a la semana con su avatar. Muchos hombres no dedicarían tanto tiempo ni siquiera a su pareja.

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