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Animales ­ilusionistas

No solo los humanos utilizan trampantojos en beneficio propio.

Algunos animales pierden el atractivo para sus depredadores porque se asemejan a objetos inanimados o repugnantes. La larva de la mariposa nocturna Selenia dentaria se hace pasar por una ramita: no solo parece un brote de la planta en la que se hospeda gracias a su color y forma, sino que también se alza en un ángulo similar al de estas prolongaciones. [NATURE PICTURE LIBRARY / ROBERT THOMPSON]

En los bosques de Australia y Nueva Guinea habita una criatura del tamaño de un palomo que no solo destaca por su maestría para construir, sino también por su habilidad para crear ilusiones. El macho de Chlamydera nuchalis, o ave de emparrado, un primo de los cuervos y arrendajos, utiliza un ritual de apareamiento muy sofisticado, con el cual consigue que la hembra admire sus atributos a partir de una perspectiva obligada.

Durante todo el año, este pájaro se aplica, diligente, en construir y mantener su emparrado: un pasillo de unos 60 centímetros confeccionado con ramas y que conduce a un patio que decoran pequeñas piedras blancas y grises, conchas y huesos. Algunas especies añaden al lugar flores, frutos, tapones de botella, bellotas, juguetes abandonados o cualesquier chuchería colorida que puedan encontrar. El macho del ave de emparrado pone gran cuidado en disponer los adornos según su tamaño: las piezas más menudas las coloca cercanas a la entrada; los objetos mayores, alejados.

Esta elaborada estructura no es un nido en el que formar una familia. Su única finalidad consiste en atraer a una hembra para aparearse. Cuando el macho termina la obra, se exhibe en el patio para que ella evalúe, impertérrita cual una jueza de concurso de baile, el ejercicio que efectúa desde la mitad del pasillo. El macho canta, baila y se pavonea; también lanza unos cuantos abalorios para impresionar a su posible pareja. El campo visual del que dispone la futura compañera resulta restringido, por lo que percibe los objetos que pavimentan el espacio como si fueran de un tamaño uniforme. Esta perspectiva favorece que las ofrendas parezcan más grandes a sus ojos y, en consecuencia, más tentadoras.

En concreto, las ofrendas y el propio macho parecen de mayor tamaño gracias a un efecto visual conocido como la ilusión de Ebbinghaus: los objetos rodeados por otros más pequeños parecen más grandes de lo que en realidad son. En 2012, los ecólogos Laura Kelley y John A. Endler, a la sazón en la Universidad Deakin, confirmaron que la destreza para generar dichas ilusiones podía predecir el éxito de apareamiento entre las aves de emparrado macho de Queensland.

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