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1 de Noviembre de 2016
Reseña

Creatividad

Convergencia de ciencia y filosofía en la neuroestética.

ART, AESTHETICS AND THE BRAIN
Dirigido por Joseph P. Huston, Marcos Nadal, Francisco Mora, Luigi F. Agnati y Camilo José Cela Conde
Oxford University Press, Oxford, 2016

La estética es la rama de la filosofía que estudia la belleza. De la investigación sobre el cerebro se ocupa la neurología. ¿Dónde colocamos la neuroestética? Cuando el campo no está claro, la exposición suele perderse en palabrería. Un defecto que no ha logrado conjurar este libro coral sobre neuroarte o neurocultura. Con frases rebuscadas y rimbombantes se intenta enmascarar una pobreza científica clamorosa y una carencia de pensamiento filosófico riguroso. (Se cometen algunos errores de bulto, como llamar coeficiente de encefalización al cociente de encefalización.) Pero toda obra aporta también elementos valiosos; destacaría el capítulo 24, donde se formalizan (matematizan) los perceptos sensoriales de belleza. El término estética procede del griego aisthenasthai (percibir), aisth-ta (cosas perceptibles) y aisth-tikos (perteneciente al sentido de la percepción).

En el progreso del hombre, la mano ha sido compañera del cerebro. Se cree que los primeros homininos que se sirvieron de útiles pertenecían a la especie Homo habilis, en parte porque su aparición en el registro fósil, hace 2,4 millones de años coincide con los primeros útiles de piedra. Buceando en la posibilidad de creación de herramientas antes de esa fecha, un equipo dirigido por Matthew Skinner y Tracey Kivell, de la Universidad de Kent, analizaron la composición de los huesos de la mano de fósiles de Australopithecus africanus, de hace entre dos y tres millones de años. Los extremos de los huesos metacarpianos de la mano, que forman la palma, se parecen a los de talladores de útiles posteriores, como Homo sapiens y los neandertales. El equipo concluía que A. africanus podía agarrar vigorosamente los objetos sirviéndose del pulgar oponible. Empezó la talla y, con ella, el arte.

Arte y estética son componentes intrínsecos de la mente humana y contribuyen a la identidad de nuestra especie, distinguiéndola de sus parientes vivos y extintos. En coherencia con ello, la investigación se ha centrado en el origen del neocórtex y en el incremento evolutivo del tamaño del cerebro, medido en función de la masa del cuerpo; lo que se llama cociente de encefalización. El volumen del cerebro y el cociente de encefalización de los humanos se adquirió en el curso de una acelerada evolución. En los Australopitecinos, el cerebro pesaba unos 500 gramos, en Homo habilisis aumentó hasta los 600-700 gramos, de 900 a 1000 en Homo erectus y de 1300 gramos en Homo sapiens. Y lo que vale la pena reseñar: el cerebro sufrió una profunda reordenación, con reducción de unas áreas y expansión de otras.

Atisbos de emociones estéticas no faltan en el mundo animal, sobre todo en los mamíferos. Los elefantes expresan una amplia variedad de comportamientos asociados con el dolor, el aprendizaje, la imitación, el juego, el altruismo, uso de herramientas, compasión, cooperación, autoconsciencia, memoria y comunicación. El cociente de encefalización del elefante oscila entre 1,13 y 2,36. Pero fue el hombre quien aprendió a servirse del color, la geometría, los sonidos armónicos y los rituales corporales para expresar sentimientos y aumentar las posibilidades de supervivencia y reproducción. Compete a la ciencia estudiar los correlatos neurales de esas percepciones. Buscar los circuitos neuronales que entran en acción cuando se presentan lo que se ha dado en llamar los qualia de tales fenómenos sensoriales.

Para conocer qué estructuras cerebrales se activan en los actos de contemplación y de creación artística se recurre a técnicas de neuroimagen conocidas: tomografía de emisión de positrones, resonancia magnética funcional y encefalografía electromagnética, entre otras. También es muy útil atender a trastornos mentales para descubrir la base neurológica responsable. Sabido es que, desde la antigüedad, se especuló sobre los posibles vínculos entre genio y trastorno mental; las biografías de muchos artistas avalan esa hipótesis. En un trabajo reciente con datos procedentes de miles de pacientes, los investigadores mostraron que los pacientes con trastornos maníaco-depresivos ocupaban un puesto destacado en profesiones creativas. Los investigadores exploran también un posible nexo entre rasgos genéticos asociados con la creatividad y un riesgo mayor de esquizofrenia. El arte explora los límites de la percepción, analizando la interrelación entre percepción subjetiva y realidad. Sobre ese telón de fondo, la obra del poeta alemán E.T.A, Hoffmann (1776-1822) fue analizada por Rainer Tólle, psiquiatra de Münster, como textos didácticos sobre síntomas y trastornos. En las artes visuales, Edvard Munch pintó cuatro cuadros entre 1893 y 1910, bajo un mismo título: El grito, que evocan el tormento interior.

A propósito de la contemplación y ponderación de la belleza, se ha avanzado mucho en el conocimiento de los distintos sistemas sensoriales, sobre todo del sistema visual; en particular, en la percepción y en la conciencia de esa percepción. Por eso, la visión ha contribuido de manera señalada a acotar, ya que no a resolver, el problema mente-cerebro, marco en el que debe encuadrarse toda consideración de los correlatos neurales de la percepción estética. Asimismo, las diferencias individuales en la respuesta emocional a una obra de arte constituyen la regla, no la excepción. Hay muy pocas cosas que despierten los mismos sentimientos en todos. Semejante diversidad en la experiencia estética guarda relación con dos factores, la abertura a la experiencia y la formación estética que se haya adquirido. La abertura comprende, a su vez, fantasía, sensibilidad, empatía y apreciación de los valores. El grado de conocimiento del arte en cuestión (pintura, escultura, teatro, poesía, música o danza) varía de un sujeto a otro. La mirada del observador no ve lo mismo según se trate de un experto o de un lego.

También difieren los individuos en las emociones sentidas. Hay muchos métodos para cuantificar esa disparidad; por ejemplo, el que se vale de escalas de 0 (no se ha oído nunca nada del autor o de la obra) a 4 (podemos hablar con conocimiento de causa del artista o de su obra). Por su parte, la psicofisiología recurre a la electroencefalografía y a la magnetoencelografía para medir las respuestas fisiológicas asociadas a estados internos.

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