Más atentos en clase

Un equipo de neurocientíficos trabaja, junto con los escolares­, en estrategias para dominar la capacidad de concentrarse y mantener la atención.

ISTOCK / PRINCIGALLI

En síntesis

La capacidad de concentración madura de forma gradual a lo largo de la infancia y la adolescencia, paralelamente al desarrollo del cerebro.

Las señales del ambiente atraen al principio la atención del niño, pero progresivamente va aprendiendo a dominarla gracias a la maduración cerebral.

Este proceso se puede favorecer con métodos que ayudan al niño a concentrarse y a que perciba su propio estado de concentración o distracción.

Matías, concéntrate en tu ejer­cicio.» «Julia, presta atención.» «¡Escuchadme cuando os hablo!» Cuántos pro­fesores se esfuerzan a diario para captar la atención de sus alumnos, la cual se interrumpe a menudo por el simple ruido de una silla o el chasquido de una puerta. La atención voluntaria o ejecutiva, la famosa facultad de concentración que todos nosotros tratamos de mejorar, constituye un prerrequisito indispensable para toda forma de aprendizaje, así como para la adaptación del comportamiento del niño. Un defectuoso dominio de esta capacidad puede originar dificultades escolares y, en ocasiones, de adaptación social. Sin embargo, en ningún momento del proceso de escolarización se forma a los alumnos para que consigan este dominio. «Una educación capaz de desarrollar esta facultad constituiría la educación para la excelencia», afirmó en su día William James (1842-1910), considerado el fundador de la psicología cognitiva moderna.

Pero ¿cómo se puede estimular a los niños para que desarrollen una capacidad de concentración óptima? Se sabe que la atención voluntaria se encuentra poco evolucionada en los niños de temprana edad. De hecho, esta capacidad depende de un largo proceso de maduración, el cual no se completa hasta la edad adulta. Al nacer, el cerebro todavía es extraordinariamente inmaduro, a pesar de su gran tamaño. Este ha de continuar estructurándose para permitir la aparición de funciones intelectuales nuevas y comportamientos novedosos. El proceso de maduración cerebral sigue un eje posteroanterior. De esta manera, las áreas alojadas en la parte posterior del cráneo se desarrollan en primer lugar; después, la maduración se propaga hacia delante en forma de onda, y termina en la corteza prefrontal, al nivel de la frente. Esta última área, que desempeña una función primordial en la atención voluntaria y la concentración, no alcanza su plenitud funcional hasta la primera edad adulta. Si se compara el cerebro con una orquesta, la corteza prefrontal haría las veces de director, y las funciones cognitivas desarrolladas precozmente (audición, vista, prehensión y denominación de objetos) conformarían los instrumentos. Por esa razón, no sorprende que los niños presenten una atención voluntaria y una concentración poco evolucionadas.

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