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1 de Marzo de 2018
Retrospectiva

Las dos mitades del cerebro

Los estudios de Michael Gazzaniga y otros neurocientíficos en ­pacientes con un cerebro dividido aportaron valiosa información sobre el funcionamiento cerebral y la especialización de los hemisferios.

Los hallazgos sobre el funcionamiento de los dos hemisferios cerebrales hace casi medio siglo continúan aclarando cuestiones neurocientíficas. [ISTOCK / HIDESY]

En síntesis

La investigación de pacientes a los que se había extirpado el cuerpo calloso para tratar su epilepsia ha permitido ahondar en el funcionamiento de lateralidad del cerebro.

A mediados del siglo xx, Michael S. Gazzaniga, junto con Roger W. Sperry y Joseph E. Bogen, inició el estudio del cerebro dividido en el Instituto de Tecnología de California.

A partir de los estudios de Gazzaniga en pacientes tratados con callosotomía se demostró, entre otros fenómenos, que las diversas áreas del cuerpo calloso cumplen tareas específicas.

«Cuando atravesé la puerta en mi primer día de trabajo como investigador, ya sabía cuál iba a ser mi tarea. Los experimentos sobre el cerebro dividido que había diseñado durante el último año de grado en la Escuela Dartmouth se habían aplicado por fin a pacientes en Rochester. Nada podría borrar aquel recuerdo increíble: el momento exacto en el que descubrí que el paciente W. J. no podía describir verbalmente, con su hemisferio izquierdo, un estímulo que se presentaba a su hemisferio derecho, el cual había sido desconectado en el quirófano. ¡Un experimento que había diseñado, ejecutado y llevado adelante como simple estudiante de pregrado en Caltech había funcionado! Y así nació la historia moderna de la investigación sobre el cerebro dividido. Iban a transcurrir cinco años de trabajo en una suerte de estado de gracia, dentro de la institución científica más interesante del mundo y con uno de los biólogos más grandes de todos los tiempos, Roger W. Sperry».

Así es como el neurocientífico Michael S. Gazzaniga, conocido no solo por estas primeras investigaciones, sino también por sus estudios más recientes en el campo de la neuroética y de la relación entre la neurociencia y el derecho, describía en Nature Review Neuroscience su trabajo en uno de los experimentos más importantes de la neurociencia moderna.

Las premisas

En los años cuarenta del siglo xx, los neurólogos se habían dado cuenta de que, en algunos casos de epilepsia resistente a la medicación, ocurría una descarga eléctrica de un hemisferio cerebral a otro a través del cuerpo calloso, el conjunto de fibras alojado en la profundidad del surco interhemisférico que conecta, a modo de un abanico de hilos eléctricos, una mitad del cerebro con la otra. Después de algunos experimentos con animales, en 1944 se habían seguido cerca de 25 casos de callosotomía, en otras palabras, de la extirpación quirúrgica del cuerpo calloso con el fin de impedir que surgieran crisis epilépticas de gran intensidad y potencialmente mortales. La operación no surtió el efecto deseado, y se abandonó.

Treinta años más tarde, dos neurocirujanos de Los Ángeles, Philip Vogel y Joseph Bogen (1926-2005), reemprendieron la técnica con éxito: seccionaron el cuerpo calloso con mayor precisión y profundidad. Lo que no quedaba claro, sin embargo, era el tipo de daño cognitivo que se habría producido en las divisiones funcionales de ambos hemisferios. La hipótesis más firme en esa época sostenía que la desconexión carecía de efectos devastadores, pues cada hemisferio cumplía una misión propia y poseía características intrínsecas únicas. Así se deducía del llamado modelo lesional, es decir, de los daños que presentaban los pacientes con ictus y hemorragia cerebral según el lugar de la lesión y de los estudios realizados en los años cuarenta por el neurólogo Andrew Akelaitis, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Rochester, con el primer grupo de pacientes que se operaba. Akelaitis, probablemente también como consecuencia de la falta de precisión de las pruebas, no había advertido nada extraño.

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