Sentido de la orientación en el espacio

¿Llegará el día en que el hombre se establezca en el espacio? Los primeros análisis de la reacción de nuestro cuerpo ante la ingravidez. El principal desafío que plantea la vida en una nave o una estación espacial no es de carácter biológico, sino psico.

El año 2001 ha quedado atrás y todavía no hemos vivido ninguna odisea en el espacio. Pero más vale tarde que nunca; quizá sea sólo una cuestión de tiempo y el hombre consiga algún día volar a otros planetas e incluso colonizar el espacio. Cuando eso llegue habrá de soportar durante más tiempo la ingravidez y quién sabe si pasará largos períodos en este estado; por ejemplo, durante los vuelos interestelares o en las estaciones espaciales. ¿En qué nos estamos, de verdad, aventurando? ¿Podrían el hombre u otros organismos prolongar su existencia en condiciones tan insólitas? ¿No tendría esta experiencia repercusiones negativas a largo plazo sobre nuestro cuerpo y quizás incluso sobre las funciones superiores de nuestro cerebro?
El ser humano percibe la gravitación (véase el recuadro ''La supresión de la gravedad'') gracias a un órgano situado en el oído interno. Aquí se alojan los otolitos, unos cristales de carbonato cálcico. Su posición en el órgano depende de la postura momentánea del cuerpo en el espacio. Mediante la fuerza de la gravedad, estos cristalitos doblan los cilios rectos de las células sensoriales de dicho órgano y los excitan. El cerebro identifica las células sensoriales activadas y deduce en qué posición nos encontramos con respecto al campo gravitatorio.

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