¿Es una ilusión el alivio del dolor que producen los cannabinoides?

Los estudios sugieren que el efecto positivo de los cannabinoides sobre el dolor se debe, en realidad, a un potente efecto placebo.

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El efecto placebo es un fenómeno casi omnipresente en la práctica médica. Las expectativas que el paciente tiene sobre un determinado tratamiento influyen en su respuesta, aunque la sustancia no ejerza per se una acción sobre el cuerpo humano. El dolor es uno de los síntomas que más responden a ese efecto. Así que incluir un grupo de participantes que reciben placebo en los ensayos clínicos es obligatorio para conocer con rigor el efecto analgésico real de un determinado fármaco.

En los últimos años, se ha popularizado el uso de cannabis y de distintos cannabinoides (moléculas naturales o sintéticas que actúan sobre los receptores cannabinoides del cerebro) para el tratamiento de diferentes tipos de dolor. No obstante, la utilidad de estos fármacos sigue sin estar claro, en parte, porque el número de estudios de calidad al respecto resulta limitado.

Una revisión sistemática de científicos de Suecia y publicada en la revista JAMA Network Open, sugiere que el alivio del dolor que ofrecen los cannabinoides se reduce a un efecto placebo. La revisión recopila 20 ensayos clínicos, en los que participaron un total de 1459 personas con edades comprendidas entre los 33 y los 62 años que sufrían dolores por diferentes causas (entre ellas, neuropatía y esclerosis múltiple). El 56 por ciento de los voluntarios eran mujeres. La mayoría de los ensayos se efectuaron en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, pero también se incluyeron estudios llevados a cabo en de Alemania, Francia, España, Israel, República Checa, Holanda, Bélgica y Brasil.

En concreto, se evaluaron los siguientes cannabinoides: tetrahidrocannabinol (THC), cannabidiol (CBD), nabiximols (combinación de THC y CDB), así como otros sintéticos (nabilona y dronabinol). Se administraron de diferentes maneras a los voluntarios, en pastillas, spray, aceite, vaporizados o fumados.

Todos los ensayos clínicos registraron la intensidad del dolor, descrita por los participantes, antes y después del tratamiento, y el efecto de la sustancia administrada se comparaba con el de un placebo. Los autores también analizaron la atención mediática que recibía cada estudio y si esta era positiva, negativa o neutral (con respecto a la eficacia del cannabinoide para aliviar el dolor), mediante el registro de menciones en Altmetric (un servicio en línea que recopila las citas de medios de comunicación, redes sociales y blogs a estudios científicos).

Otro factor que se tuvo en cuenta fue el impacto académico, el cual se midió por el número de citas de otros investigadores y el riesgo de sesgos en cada estudio en distintas áreas: aleatorización de los pacientes, selección de los resultados mostrados, utilización de un estudio ciego (para ocultar si los pacientes recibían placebo o un cannabinoide), falta de datos de los resultados o los incumplimientos de las intervenciones que se habían propuesto.

En la investigación, los pacientes informaban de dolores menos intensos tras el uso del placebo. Este efecto era de moderado a intenso y variaba según la persona. Además, cuando se comparaban los efectos del placebo y los de los cannabinoides no se encontraban diferencias notables. Por otro lado, la respuesta al placebo no variaba según la forma de administración (pastillas, spray, aceite, cannabis vaporizado o fumado) ni tampoco con respecto a la duración del estudio. Numerosos participantes se mostraron capaces de distinguir el placebo del cannabinoide, a pesar de que ambos tuvieran un gusto, un olor y una apariencia similares.

Curiosamente, los ensayos clínicos con un bajo riesgo de sesgo mostraban una mayor respuesta al placebo. En cambio, si los pacientes podían intuir si el tratamiento que recibían era un placebo o un cannabinoide (porque presentaban ambos características un poco diferentes), la respuesta al placebo era menor, probablemente porque esto rebajaba las expectativas de recibir un tratamiento que funcionase. Otro metanálisis publicado en 2021 reveló hallazgos similares: cuanto mejores eran los métodos doble ciego en el ensayo clínico (en los que ni los participantes ni los investigadores sabían si se trataba de un placebo o el tratamiento activo) mayores eran las respuestas al placebo.

Existía un gran interés mediático en la mayoría de los ensayos clínicos que evaluaron los cannabinoides para el dolor. Además, tenían un notable sesgo positivo en cuanto a la eficacia de los cannabinoides: la gran mayoría informaba de que tenía un efecto beneficioso para tratar el dolor. Sin embargo, esta percepción positiva no mantenía ninguna relación con los resultados. Es decir, que hubiera una mayor proporción o un mayor número de publicaciones positivas sobre cada artículo científico no dependía de la eficacia real que había obtenido el tratamiento con cannabinoides en el ensayo.

Entonces, ¿podría deberse la gran respuesta al placebo que se detecta en los cannabinoides para el dolor, en parte, a la positiva atención mediática que reciben? Los autores plantean la hipótesis de que ese trato tan positivo en los medios de información en línea puede influir en las expectativas de los pacientes y, por tanto, en la respuesta al placebo que se genera en futuros ensayos clínicos. Otros estudios previos muestran que los medios de comunicación y los contenidos en la Red pueden potenciar las expectativas de los pacientes.

De ser así, ello supondría una razón adicional para que los ensayos clínicos en este terreno cuenten con una elevada calidad para poder distinguir con rigor el efecto real del cannabinoide con respecto al placebo. Si estos no se llevan a cabo de forma adecuada, se corre el riesgo de sobrestimar la eficacia del cannabinoide, porque el efecto placebo inducido es menor.

Este artículo apareció publicado en línea en la sección de Actualidad Científica el 6 de diciembre de 2022.

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