Las señales subliminales ayudan a olvidar las malas experiencias

La supresión de recuerdos mediante una «sombra amnésica» podría conducir algún día a una terapia más «suave» para el trastorno por estrés postraumático.

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L os recuerdos intrusivos recurrentes son la causa de algunas enfermedades mentales, como el trastorno por estrés postraumático o el obsesivo-compulsivo. Los médicos suelen tratar estas dolencias con una terapia de exposición. En ella, se expone de forma gradual al paciente a estímulos temidos o simulacros (desde recuerdos de un combate hasta gérmenes en un retrete) , con lo que el cerebro aprende a acostumbrarse a esos estímulos y a disociarlos del peligro.

Pero la terapia de exposición presenta inconvenientes. «Enfrentarse a estos recuerdos traumáticos resulta doloroso para los pacientes», afirma Yingying Wang, psicóloga cognitiva de la Universidad de Zhejiang. «Estos tratamientos presentan una tasa de abandono muy alta». Wang y sus colaboradores han dado un primer paso hacia el desarrollo de una forma más benigna de atenuar los remembranzas traumáticas. Su estudio de prueba de concepto implica la exposición subliminal a señales sobre esos recuerdos después de poner al cerebro en un estado en el que es probable que olvide.

Los hallazgos suponen un nuevo giro en una forma de olvido activo en la que las personas aprenden a suprimir recuerdos practicando el no pensar en ellos en presencia de recordatorios. En varias investigaciones, los participantes memorizaron pares de palabras como «aguja-médico» o «corredor-collie»; a continuación, practicaron el ejercicio de pensar o no pensar en la segunda palabra cuando aparecía la primera (el recordatorio). La práctica de no pensar en la segunda palabra conducía al olvido.

El mecanismo de este efecto se basa en el principal centro de memoria del cerebro, el hipocampo. Los psicólogos han descubierto que surpimir la recuperación de la memoria pone al hipocampo en un estado funcional degradado. Este estado dura un pequeño lapso de tiempo (al menos 10 segundos, aunque potencialmente mucho más) y proyecta lo que los investigadores han denominado una «sombra amnésica», que conduce a una mala memoria para otras situaciones que suceden dentro de ella. Así, cuando las personas suprimen pares de palabras neutras, ponen su cerebro en un estado en el que es probable que olviden nuevas experiencias.

Este estado también permite olvidar recuerdos establecidos, según una investigación de 2021 de Wang y Zijian Zhu, de la Universidad Normal de Shaanxi. «Todo lo que hay que hacer es suprimir algo totalmente neutro y luego traer a la memoria ese recuerdo cercano en el tiempo», afirma Michael Anderson, psicólogo cognitivo de la Universidad de Cambridge, quien ha centrado su investigación en la supresión de recuerdos y es autor del reciente estudio. En este, Wang, Zhu y Anderson han demostrado que el proceso puede degradar los recuerdos de escenas angustiosas, incluso cuando el recordatorio de esas escenas se presenta de forma que las personas no son conscientes de que estaba allí.

Sin embargo, cuando Wang y Zhu propusieron la idea de este experimento, Anderson se mostró escéptico. «Me contaron la idea por correo electrónico y pensé: "Suena muy bien. Estoy seguro de que no va a funcionar"», recuerda Anderson. Pero Wang estaba segura de que funcionaría, porque había desenterrado estudios que demostraban que ciertos recordatorios invisibles reclutaban el hipocampo, explica.

Los investigadores pidieron a 88 adultos jóvenes sanos que memorizaran pares de palabras chinas neutras de dos caracteres. Para establecer recuerdos traumáticos, los participantes estudiaron imágenes perturbadoras, junto con dibujos o palabras que servían de recordatorio. Las imágenes perturbadoras mostraban temas como abusos físicos o sexuales, lesiones, muerte, desastres naturales y accidentes graves. Las recordatorias exhibían objetos como los que aparecían en las escenas, similares a recordatorios visuales del mundo real de sucesos perturbadores. En una fotografía, por ejemplo, una mujer y su hija yacían muertas en el suelo tras haber recibido un disparo; junto a la niña había una muñeca. El recordatorio, en este caso, era la imagen de una muñeca.

Después, mostraron a los participantes una de las palabras de dos caracteres que habían estudiado y se les pedía que pensaran en la otra palabra de la pareja o que no pensaran en ella (que la suprimieran). Entre los ensayos, exponían a los participantes los objetos recordatorios de algunas de las escenas perturbadoras. En algunos casos, los objetos resultaban invisibles para los participantes, ya que aparecían un breve espacio de tiempo y se enmascaraban mediante una imagen de «ruido» (similar a la nieve visual de un televisor) antes y después del objeto. Dos tipos de «controles de consciencia» confirmaron que los participantes no veían las imágenes enmascaradas en casi todos los casos.

En una prueba de memoria posterior, los voluntarios recordaron las escenas que no se les habían traído a la memoria, de media, un 65 por ciento de las veces. En cambio, su recuerdo de las escenas perturbadoras para las que habían aparecido recordatorios entre dos ensayos de supresión, era de cerca del 55 por ciento. Ello demuestra que la sombra amnésica atenuaba el recuerdo de las escenas angustiosas. Este grado de olvido no es enorme, pero sí significativo. «Es una prueba de concepto de que se puede hacer», afirma Charan Ranganath, neurocientífico cognitivo de la Universidad de California en Davis, quien no participó en el estudio. «Francamente, me sorprende que haya funcionado tan bien».

Los recordatorios subconscientes funcionaron tan bien como los conscientes. «Cuando les pides que identifiquen qué era aquello, responden: "No lo sé"», indica Anderson. «Sin embargo, cuando haces eso una y otra vez dentro de la ventana de sombra amnésica, es más probable que olviden la escena desagradable», añade.

El resultado también se mantuvo cuando los investigadores activaron posteriormente el recuerdo de las escenas en las personas con las palabras en lugar de con las imágenes, lo que demuestra que el olvido es independiente del recordatorio específico. «[Esto] indica que el efecto se produce probablemente en el propio recuerdo objetivo» y no solo en su asociación con una señal concreta, afirma Wang.

El resultado abre la posibilidad de que los pacientes atormentados por un pasado doloroso no tengan que revivirlo para mejorar. «La idea de que se puedan eliminar los recuerdos perturbadores sin tener que volver a exponerse a ellos es una posibilidad fascinante», afirma John Gabrieli, neurocientífico del Instituto de Tecnología de Massachusetts, que colaboró anteriormente con Anderson, pero no participó en este estudio.

Sin embargo, esta edición cognitiva se produjo en adultos jóvenes normales, por lo que no se sabe si el procedimiento puede producir beneficios en personas con trastornos mentales. Dado que los participantes no padecían estas afecciones, los investigadores también tuvieron que establecer de manera artificial recuerdos perturbadores con un conjunto de imágenes angustiosas en lugar de utilizar recordatorios realistas para personas atormentadas por recuerdos traumáticos.
Además, los autores no investigaron si este procedimiento subliminal podría disminuir las secuelas emocionales de los malos recuerdos. «No necesariamente queremos olvidar las cosas malas que nos han pasado. Simplemente, no queremos que nos paralicen», afirma Ranganath. Sería interesante saber si este método podría reducir el impacto visceral de los recuerdos traumáticos, el cual se puede medir a través de respuestas fisiológicas como la aceleración del corazón o la sudoración, indica.

Por estas razones, los expertos advierten que es poco probable que los hallazgos den lugar a una terapia a corto plazo. «La idea de que se puede hacer algo de manera inconsciente para ayudar a reducir la memoria es emocionante», afirma Elizabeth Phelps, neurocientífica cognitiva de la Universidad de Harvard, quien no participó en el trabajo. «Pero creo que la traslación clínica está muy lejos», recalca.

Este artículo apareció publicado en línea en la sección de Actualidad Científica el 16 de diciembre de 2022.

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