Por qué es tan difícil aprender de los errores propios

¿Se aprende de las equivocaciones? La respuesta es afirmativa, sobre todo, cuando se trata de las equivocaciones de otras personas. En cambio, los fallos propios suelen ignorarse. ¿Por qué?

WILDPIXEL/ GETTY IMAGES/ ISTOCK

Se aprende menos de un error propio que de un éxito. Solo cuando se trata de victorias y derrotas ajenas nos beneficiamos por igual de ambos. Este fenómeno lo describen las psicólogas Lauren Eskreis-Winkler y Ayelet Fishbach, de las universidades del Noroeste y de Chicago, respectivamente, en un estudio publicado en Perspectives on Psychological Science.

En 2019, ya habían demostrado en una serie de investigaciones con más de 1.600 sujetos que la retroalimentación negativa impide el aprendizaje, incluso cuando una recompensa llama la atención. A los participantes siempre se les pedía que eligieran entre dos respuestas alternativas a una pregunta. Al azar, se les dijo que tenían razón o que estaban equivocados. En ambos casos, sabían cuál era la respuesta correcta. A continuación, se realizó otra prueba con el mismo contenido, pero formulado a la inversa. Por ejemplo, la pregunta «¿cuál de estos dos personajes antiguos muestra un animal?» en la segunda prueba era «¿cuál de estos dos personajes antiguos no muestra un animal?».

Resultado: tras de una retroalimentación de éxito, los sujetos de la prueba en la segunda ronda sabían la respuesta correcta a la misma pregunta en una media del 80 por ciento de las veces. Después de una retroalimentación sobre el fracaso, solo llegaron a un 60 por ciento: habían aprendido menos de él. También se observó un efecto similar con las preguntas sobre imágenes de personas («¿Son estas dos personas una pareja?»), así como con las preguntas de carácter profesional.
Además, los participantes recordaban menos las dos alternativas de respuesta después de sus fallos (59 por ciento) que cuando no recibían ninguna respuesta (94 por ciento). Pero si no respondían ellos mismos a las preguntas en la primera ronda, sino que otras personas les presentaban las respuestas correctas e incorrectas, sacaban tanta información de sus errores como de sus aciertos. En cuanto no se trataba de ellos mismos, al parecer, un error ya no suponía un obstáculo para el aprendizaje.

Un error amenaza al ego

Los psicólogos analizaron las causas. ¿Su conclusión? Aprender de los propios errores resulta agotador, a nivel emocional y cognitivo. Por un lado, el fracaso amenaza al ego y, para protegerlo, se desvía la atención hacia él. Por otro, las personas prefieren procesar la información que es coherente con sus creencias y expectativas e ignoran la que las contradicen, un error de juicio conocido como sesgo de confirmación. Además, la información contenida en el fracaso no siempre es evidente. Hay que pensar y deducir lo correcto de lo incorrecto.

Con todo, las personas que son capaces de aprender del fracaso aumentan sus posibilidades de éxito en el futuro, escriben Eskreis-Winkler y Fishbach. Por ello, recomiendan dejar el ego al margen: aprendiendo de los errores de los demás, realizando un autodiálogo constructivo o reforzando la propia autoestima a largo plazo para que el ego pueda afrontar con tranquilidad un fracaso.


Este artículo apareció publicado en línea en la sección de Actualidad Científica el 15 de noviembre de 2022.

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