Tala sináptica en el bosque neuronal

El número de conexiones de las neuronas en el cerebro se reduce de modo notable durante la juventud como parte de una estrategia de optimización. Pero cuando esta «poda sináptica» resulta excesiva o insuficiente crece el riesgo de trastornos psíquicos

MD ZAKIR MAHMUD/ GETTY IMAGES/ ISTOCK

En síntesis

A lo largo de la infancia, el cerebro suprime una gran cantidad de conexiones nerviosas. Los expertos denominan este proceso «poda sináptica».

El excedente de sinapsis inicial favorece que puedan intensificarse las que sean realmente necesarias para las circunstancias vitales que se presenten. Las demás desaparecen por cuestiones de eficiencia.

Si la poda sináptica se muestra defectuosa, aumenta la posibilidad de que se padezca un trastorno psíquico. El autismo suele acompañarse de una poda escasa, mientras que la esquizofrenia es más frecuente cuando dicha «tala» resulta demasiado intensa.

Peter Huttenlocher (1931-2013) era una persona muy perseverante. En la década de 1970 empezó a recopilar muestras de tejido de cerebro humano, fueran de bebés que habían fallecido nada más nacer, de motoristas víctimas de un accidente de tráfico, de enfermos de cáncer o de ancianos. Tomaba pequeños bloques de la corteza cerebral de los cadáveres, los cortaba en rebanadas muy finas y los fotografiaba con el microscopio electrónico. Con los negativos de esas imágenes hacía copias, unas veinte o treinta por bloque tisular, cada una de distintas microsecciones. Entonces, se ponía a contar.

A Huttenlocher, neurólogo pediátrico, le interesaban no tanto las neuronas, sino más bien las conexiones entre ellas, las sinapsis. Escudriñaba de manera minuciosa las imágenes ampliadas 17.000 veces en busca de los puntos en los que las neuronas intercambian información a través de la llamada hendidura sináptica. Numeraba concienzudamente cada una de las pruebas, muestra a muestra. Empezó con 21 cerebros, pero esa cifra fue creciendo.

Mediante ese procedimiento identificó en sus estudios decenas de miles de sinapsis. Pronto su interés por esas imágenes no se quedó en el laboratorio. En casa seguía pensando en ellas. Se topó con un hallazgo al que iba a dedicar toda su actividad investigadora: durante la juventud, una persona pierde gran cantidad de conexiones nerviosas. Según los cálculos de Huttenlocher, alrededor de un tercio. Si en las imágenes de los niños de 2 años de edad se observaban 1600 millones de sinapsis por milímetro cúbico de tejido cerebral, en el caso de los jóvenes de
15 y 20 años había solo 1100 millones. La cifra se mantenía hasta la tercera edad. A continuación, volvía a caer.

Huttenlocher observó más o menos lo mismo en otras regiones cerebrales: durante la gestación y poco después del parto, las sinapsis del bebé proliferaban hasta convertirse en una red tupida, pero en el resto de la infancia y durante la pubertad esa red perdía densidad. En 1983, el psiquiatra estadounidense Irwin Feinberg denominó a este fenómeno «poda sináptica» (synaptic pruning). Pero ¿por qué perdemos tantos puntos de conexión neuronales durante la juventud, una época en la que seguimos aprendiendo cosas nuevas a diario?

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