El hombre que respiraba demasiado

De ser un gran deportista, Miguel fue dejando de practicar ejercicio. El motivo: su respiración se descontroló

[PEOPLEIMAGES/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

En síntesis

Hace un tiempo, Miguel, de 32 años de edad y gran aficionado al deporte, comenzó a sufrir problemas respiratorios cuando realizaba esfuerzos. Incluso cuando estaba en reposo. Estos síntomas produjeron consecuencias nefastas sobre su estado de ánimo y calidad de vida.

Tras consultar su problema con diversos médicos y una multitud de pruebas médicas, recibió un diagnóstico: hiperventilación crónica. Al parecer, su corteza cerebral procesaba de forma anormal muchas respuestas corporales relacionadas con la respiración.

Por el momento, existen pocos tratamientos para curar la hiperventilación crónica. Tampoco se conocen con certeza las causas de este síndrome. Entre las técnicas terapéuticas prometedoras que se están investigando se encuentra la hipnosis.

Hasta hace dos o tres años, Miguel se encontraba en plena forma. A sus 32 años de edad y como técnico electricista experto en circuitos de control para motores eléctricos, cofundó una empresa emergente que fabricaba y distribuía drones de pequeño tamaño. Allí trabajaba. No fumaba, no enfermaba nunca, practicaba una variedad de deportes, entre ellos, triatlón, escalada, paracaidismo y bicicleta de montaña. Hasta que, un mal día, todo se trastocó. Los retos físicos que Miguel superaba sin esfuerzo se convirtieron en difíciles y dolorosos para él. No podía respirar bien y empezó a sufrir problemas cada vez más gravosos. Al principio, le obligaban a limitar su actividad física. Finalmente, tuvo que renunciar al deporte por completo.

Cuando las dificultades respiratorias comenzaron, Miguel no se preocupó demasiado. Pero al cabo de un tiempo y movido por la insistencia de sus amigos, decidió acudir a su médico de cabecera. Este no detectó ninguna anomalía y lo envió a un cardiólogo para que estudiara su caso. En ese momento, empezó un periplo de evaluaciones médicas: análisis de sangre, ecografía cardiaca, cicloergómetro (bicicleta estática con la que se efectúa la prueba de esfuerzo, entre otras). Todo normal. Los problemas de Miguel, al parecer, no provenían del corazón.

En ese momento, se inició otra ronda de consultas: esta vez, con los neumólogos. Radiografía pulmonar, medición de la capacidad respiratoria, prueba para detectar un posible asma. Ningún rastro de anomalías. Todo era normal. Los valores fisiológicos se encontraban, incluso, por encima de la media.

Si el problema no procedía del corazón ni de los pulmones, ¿de qué podía tratarse? 

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