¿Nicotina con receta?

La nicotina genera dependencia y contribuye a los problemas de salud por fumar. Pero también puede aumentar el rendimiento cognitivo. Se investiga su uso terapéutico para tratar algunas enfermedades neuropsiquiátricas

En ciertos trastornos psiquiátricos, la esquizofrenia y el TDAH entre ellos, los pacientes consumen nicotina a modo de automedicación. [SKYNESHER/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

En síntesis

La nicotina se acopla a los receptores del cerebro y, de esta forma, induce un efecto relajante. Pero, al mismo tiempo, incrementa también el rendimiento cognitivo.

Por ese motivo, los investigadores están examinando si este alcaloide ayuda en el tratamiento de las enfermedades neuropsiquiátricas asociadas a un deterioro cognitivo.

Los resultados de los estudios clínicos son inconsistentes. Numerosos indicios apuntan a que solo determinados grupos de personas se benefician de la nicotina.

En el verano de 1926, la revista British Medical Journal publicó un artículo en el que el doctor Henry Moll, de la Universidad de Leeds, describía un tratamiento para el síndrome postencefalítico de Parkinson mediante inyecciones de nicotina. Tras una inflamación del tejido cerebral, las personas afectadas padecen síntomas similares a la limitación de movilidad que se produce en la enfermedad de Parkinson. Pero, por lo general, solo queda perjudicado un lado del cuerpo. A pesar de que, según Moll, no había podido curar a ninguno de los pacientes, su propuesta terapéutica aliviaba de manera notable los síntomas. De modo que abogó por una investigación más exhaustiva del método.

Sin embargo, en los decenios posteriores, el potencial de la nicotina como fármaco recibió poca atención. Por el contrario, los expertos recopilaban cada vez más pruebas de los efectos nocivos que causaba fumar para la salud y del poder adictivo de la nicotina alcaloide. En 1966, el epidemiólogo Harold Kahn, del Instituto Nacional de la Salud, no se sorprendió cuando analizó los datos médicos de casi 300.000 veteranos de guerra: en repetidas ocasiones confirmó la por entonces ya conocida relación entre consumir tabaco y varios tipos de cáncer, así como con la reducción de la esperanza de vida. Pero otro resultado del estudio le resultó bastante inesperado. Al parecer, las personas que no fumaban enfermaban de párkinson con una frecuencia tres veces mayor que las fumadoras. ¿Habría en el humo del tabaco alguna sustancia que protegía contra la progresiva degradación de la masa encefálica?

Hasta ahora, esta cuestión no ha recibido una respuesta concluyente. Algunos hallazgos indican que la nicotina que contiene el humo tiene un efecto protector y terapéutico para la enfermedad. Todos los estudios epidemiológicos llevados a cabo al respecto han revelado que los consumidores de tabaco tienen una probabilidad baja de desarrollar la enfermedad de Parkinson.

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