Niños con trauma

Cuando los niños son víctima de violencia o sufren otras experiencias traumáticas, su cerebro parece desarrollarse con mayor rapidez. Pero lo que resulta ventajoso a corto plazo, acarrea problemas en el futuro

Los sucesos traumáticos en la infancia impulsan el desarrollo cerebral, con consecuencias negativas. [SKHOWARD/ GETTY IMAGES/ ISTOCK]

En síntesis

El cerebro de los niños que han padecido traumas se desarrolla con mayor rapidez que el de otros de la misma edad pero que no han vivido dichas experiencias, sugieren algunos estudios.

Al parecer, este fenómeno les ayuda a afrontar los retos de adolescentes. Por ejemplo, las redes cerebrales que regulan el miedo maduran antes.

Sin embargo, el desarrollo acelerado conlleva desventajas a largo plazo: el cerebro pierde su plasticidad de manera precoz, lo que favorece los trastornos psíquicos.

Con los recuerdos ocurre como con las fotografías antiguas: el paso del tiempo les hace perder color. Olvidamos el nombre de aquel compañero de curso; incluso dudamos de si llevaba gafas o no. Sin embargo, a menudo podemos rescatar del pasado detalles sorprendentes si escarbamos con la suficiente profundidad en la memoria: los pantalones rasposos que tuvimos que llevar en la primera comunión, las golosinas de los domingos o el color de la cartera para ir al colegio.

Mas cuando repasamos bien el álbum de nuestra vida, en algún momento nos encontramos páginas completamente vacías. ¿Quién se acuerda del primer día de guardería o del nacimiento de la hermana dos años menor? ¿Y de cuando dio los primeros pasos? Las imágenes de los tres o cuatro primeros años de vida suelen estar ausentes por completo. En un primer momento, se grabaron (los niños pequeños recuerdan muy bien vivencias pasadas), pero después, al parecer, se eliminan o destierran en alguna caja de la que no pueden volver. Se trata de la denominada amnesia infantil.

El motivo de esta laguna de memoria todavía no se conoce en su integridad. Numerosos investigadores suponen que se halla relacionado con la maduración del cerebro. De hecho, los humanos no somos la única especie que las padece. Ratas adultas que habían recibido un electrochoque suave cuando se hallaban en una parte de la jaula marcada de un color evitaban esa zona semanas más tarde. Por el contrario, los ejemplares jóvenes expuestos a la misma situación olvidaron la experiencia dolorosa tras un breve período.

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