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1 de Noviembre de 2012
Neurolingüística

¿Dónde están los robots parlantes?

Durante décadas, los humanos han acariciado el sueño de crear una máquina capaz de conversar. Pero primero debemos averiguar cómo sabemos lo que sabemos sobre el lenguaje.

© FOTOLIA / INVENTIMAGES.COM

En síntesis

Programar un robot con las reglas de una lengua resulta difícil, pues aún desconocemos todas las normas.

Para lograr que los robots solventen las ambigüedades, se introducen en sus entrañas miles de millones de palabras, con sus correspondientes etiquetas semánticas y fragmentos de texto.

Los investigadores aprovechan la colaboración de los internautas para conocer el modo en que interpretan y utilizan el lenguaje de los humanos y así aplicarlo a las máquinas.

Este artículo forma parte de la serie de MyC «Psiconeurología del habla».

Sulla, el primer robot parlante del mundo, dominaba tan bien el arte de la conversación en cuatro idiomas que un visitante del laboratorio en el que se creó insistía en que se trataba de un ser humano.

Por desgracia, Sulla, por no ser, no es ni real: surge de la obra de ciencia ficción R.U.R. que el novelista Karel Čapek (1890-1938) escribiera en 1921, y gracias a la cual se acuñó la palabra robot en el diccionario. Desde entonces, parece que los robots parlantes siempre han estado a punto de nacer.

Tras la invención de los modernos ordenadores, los investigadores comenzaron a pensar en programarlos para que usasen el lenguaje. En 1950, Alan M. Turing, uno de los fundadores de la informática, predijo que a finales del siglo pasado los ordenadores hablarían tan bien en inglés que resultaría difícil distinguir a una persona de una máquina, un objetivo que más tarde pasaría a conocerse como prueba de Turing. Cuatro años después, un grupo de científicos de la Universidad de Georgetown y de la empresa IBM presentaron la máquina de traducción 701, que tradujo con éxito 60 frases en ruso al inglés a una velocidad de dos líneas y media por segundo, hazaña que llevó a Leon Dostert, el investigador que creó la técnica utilizada por la máquina, a afirmar con confianza que solo faltaban cinco o quizá tres años para conseguir traductores electrónicos que dominasen los idiomas.

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