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  • Mente y Cerebro
  • Noviembre/Diciembre 2012Nº 57

Metabolismo

Genes de peso

Las personas con sobrepeso son las principales responsables de su aspecto, reza un prejuicio ­popular. Sin embargo, el volumen corporal depende en gran medida de la genética.

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Las personas gruesas no saben controlarse ni disciplinarse; además, les puede la vagancia. Prejuicios como estos circulan hoy en día en nuestra sociedad en referencia a los sujetos con obesidad o sobrepeso. De hecho, los kilos de más representan en multitud de ocasiones un obstáculo para la búsqueda de trabajo o las relaciones de pareja; incluso en la etapa escolar el exceso de peso puede convertirse en motivo de discriminación [véase «La obesidad: una cuestión médica y psicosocial», por A. Magallares, M. Á. Rubio y J. F. Morales; Mente y cerebro n.o 51, 2011]. En general, se atribuye al propio afectado la responsabilidad de su voluminoso aspecto corporal.

Pero la realidad no resulta tan simple. Aunque los hábitos alimentarios y la actividad física influyen en el peso, intervienen más factores. La gordura o la delgadez vienen determinadas, hasta cierto punto, desde el nacimiento. La dotación genética interviene, además de en otras muchas funciones, en la capacidad del intestino para absorber un determinado nutriente y metabolizarlo.

Albert Stunkard, de la Universidad de Pensilvania, apuntó los primeros datos científicos al respecto en el año 1986. El psiquiatra examinó las historias clínicas de hijos adoptivos daneses, quienes contaban con unos 20 años en el momento del estudio. La recopilación de datos médicos resultó amplia, ya que contenía información exacta sobre el peso y la altura de los niños adoptados, de sus progenitores biológicos, así como de las parejas que los habían criado. Una de las conclusiones que se extrajo indicaba que los padres naturales de jóvenes delgados presentaban una constitución mucho más delgada que los progenitores de hijos de corpulencia normal o con sobrepeso. Tal relación no se daba con los padres adoptivos.

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