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Las raíces cognitivas de la ingesta compulsiva

Deficiencias en la concentración y la autocomprensión se asocian a los trastornos de la conducta alimentaria.

© FOTOLIA / JAIMIE DUPLASS

A pesar de que desde hace décadas existe el consenso de que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) no se deben solo a un problema con la comida, todavía se trabaja para desentrañar las complejas raíces psicológicas, culturales y fisiológicas de psicopatologías como el trastorno alimentario compulsivo, o por atracón, y la bulimia. En la actualidad, un número creciente de estudios revela que este tipo de enfermedades se encuentran asociadas a déficits de atención y a una autoconciencia limitada.

En la Universidad de Ginebra pusieron a prueba las capacidades cognitivas de tres grupos de sujetos: personas con obesidad y trastorno alimentario compulsivo, probandos con obesidad pero sin trastorno por atracón y un grupo de control integrado por individuos de peso normal. Según los resultados, a las personas con obesidad les resultaba más complicado inhibir y centrar la atención, carencias más perceptibles si, además, padecían un trastorno alimentario compulsivo. Los autores publicaron en la revista Appetite el agosto pasado que existe una correlación entre el aumento de los problemas cognitivos y de inhibición y el empeoramiento de la conducta alimentaria.

Un estudio publicado por las mismas fechas en el Western Journal of Nursing Research exponía que las puntuaciones bajas en las funciones ejecutivas (capacidad cognitiva de autocomprensión y autorre­gulación) se correlacionaban tanto con la obesidad como con los síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Concentrarse en la propia comida se relacionaba con comer menos durante el día. Otros trabajos han asociado la distracción con la sobreingesta.

Las distintas investigaciones sugieren que el tratamiento del trastorno alimentario compulsivo debería incluir el refuerzo de funciones mentales, en especial, la atención y la autoconciencia. En este sentido, en septiembre de 2011 el Journal of Black Studies informaba que el análisis de la influencia de la identidad étnica en la autocomprensión del individuo podría ayudar a prevenir los trastornos alimentarios. Basándose en encuestas, Mary Shuttlesworth, de la Universidad de Maryland y autora de la investigación, descubrió que las mujeres afroamericanas con niveles más elevados de identidad étnica presentaban una probabilidad menor de desarrollar un cuadro de conducta alimentaria compulsiva y bulimia; en cambio, las mujeres caucasianas con un alto grado de identificación con su etnia mostraban un mayor riesgo de padecer un TCA.

Shuttlesworth explica que los ideales caucasianos tienden a enfatizar la delgadez y a centrarse en la apariencia física, mientras que la idea de belleza en la cultura afroamericana incluye otros aspectos de la persona aparte de la apariencia: «Acepta las distintas formas y tamaños del cuerpo y permite que la belleza englobe personalidad, estilo y actitud». La investigadora propone que los programas de prevención de los TCA incluyan los elementos que caracterizan la identidad étnica afroamericana.

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