Tornar en invisible lo visible

Mecanismos inconscientes influyen en el cerebro y la conducta de las personas.

CORTESÍA DE SHENG HE

Qué es la consciencia? ¿En qué consiste este algo subjetivo e inefable (cosa, sustancia, proceso, energía, alma, etcétera) que experimentamos en los sonidos e imágenes que nos ofrece la vida, en el dolor o en el placer, en la ira o en la desazón de sentirse fuera de lugar? La naturaleza de la consciencia constituye el meollo, el nudo gordiano del eterno problema de la mente y el cuerpo. ¿Qué relación guarda la consciencia subjetiva con el universo objetivo, con la materia y la energía?

La consciencia es nuestra única vía para experimentar el mundo. Seríamos, sin ella, seres sonámbulos sumidos en un sueño profundo, mas sin ensoñación. Actuaríamos en el mundo, engendraríamos hijos, hablaríamos, sin embargo, no sentiríamos cosa alguna. Tanto es así, que el más célebre aserto deductivo del pensamiento occidental es la idea que propuso el filósofo y matemático René Descartes: existo, pues soy consciente. Tal era su única e irrefutable prueba de no ser él mismo una quimera. Quizá no tuviera el cuerpo que él pensaba poseer, tal vez le habían implantado recuerdos falsos (premonición de elementos argumentales de la película de ficción Matrix), pero, al ser consciente de sí mismo, forzosamente debía existir: pienso, luego existo.

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