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La sexualidad y el nervio secreto

¿Podría un nervio craneal poco conocido ser la vía que utilizan las feromonas humanas para excitarnos?

Nos colocamos alrededor del cuerpo para planear la estrategia de la autopsia. Comprendimos que un escalpelo no iba a ser el instrumento apropiado para abrir el cadáver. No había más remedio: entre los tres, introdujimos la mole negra de la ballena piloto en la rotación chirriante de la sierra de cinta.

La ballena había muerto por causas naturales tras haber cumplido misiones militares en las profundidades del océano para la Marina de los EE.UU., que envía mamíferos de ese porte a lugares donde los humanos no pueden llegar sin correr peligro. A su muerte iba a cumplir un servicio más: suministrarnos información sobre su cerebro valiosísimo. En los años ochenta del pasado siglo, la Marina había invitado a su base en San Diego a investigadores de la Institución Scripps de Oceanografía. Me agregué. Con indumentaria de pescaderos en plena faena, Leo S. Demski, de la Universidad de Kentucky, Sam H. Ridg­way, del Centro Naval de Sistemas Oceánicos, y el autor nos disponíamos a desentrañar un misterio científico. Por razones que veremos más adelante, era imprescindible que averiguáramos si la ballena tenía cierto nervio craneal.

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