Concepto de yo

El desarrollo de una región cerebral crítica acentúa la preocupación por uno mismo.

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A los adolescentes les interesa, por encima de cualquier otra cosa, ellos mismos. Nuevos experimentos apoyados en técnicas de formación cerebral de imágenes revelan que la causa de tal predilección pudiera deberse a modificaciones de la anatomía cerebral vinculadas al propio yo. Avances que pudieran arrojar luz sobre la génesis cerebral del concepto de yo.

Una de las formas en que se construye el sentido del yo consiste en reflexionar sobre cómo nos perciben los demás, idea que algunos psicólogos han dado en llamar "el yo-espejo". Para ver cómo reaccionaban las adolescentes ante lo que se pensaba de ellas, los investigadores le solicitaron a chicas de edades comprendidas entre los 10 y los 18 años que imaginasen distintos supuestos en los que serían observadas, escenas ideadas para evocar emociones sociales, de culpa o desasosiego; por ejemplo, "estabas hurgándote la nariz tranquilamente y tu mejor amiga te vio".

Sarah-Jayne Blakemore, del Colegio Universitario de Londres, y sus colegas descubrieron que, en la comparación con otros supuestos en los que se describían emociones básicas, pero sin intervención de opiniones ajenas (miedo o asco) en las chicas pendientes de la opinión de quienes pudieran verlas, cuando se trataba de escenas de carácter social, se activaba en mayor medida que en mujeres adultas una región del cerebro: la corteza prefrontal medial dorsal (CPFM). Se sabe que esta región, una de las últimas en desarrollarse antes de la edad adulta, se activa en los adultos cuando piensan en sí mismos, en otras personas e, incluso, en los rasgos de carácter de animales.

Blakemore propone que, desde el punto de vista evolutivo, resulta lógico que a los adolescentes les preocupe lo que piensen de ellos los demás. La adolescencia exige hacerse más independiente, porque los padres quizá no puedan seguir ofreciendo su protección mucho más tiempo. Los jóvenes tienen que empezar a depender más de lo que piensen sus iguales "y elaborar de forma mucho más social un sentido de su propio yo", prosigue Blakemore.

Otra vía por la que se elabora un sentido del yo consiste en el examen de nuestros rasgos de personalidad, o de las metas que nos propongamos. En estudios anteriores se ha observado que en los adolescentes se activa también su corteza CPFM dorsal cuando se dedican a tal introspección. Así, cuando Jennifer Pfeifer, de la Universidad de Oregón, y otras psicólogas de la Universidad de California en Los Angeles le preguntaron a probandos si frases como "Hago amigos con facilidad" les describían a ellos o a un personaje familiar —en este caso, Harry Potter—, las investigadoras descubrieron que, al pensar sobre sí mismas, se producía en adolescentes mayor activación CPFM dorsal que en adultos.

Esta acentuada actividad CPFM dorsal en la adolescencia sugiere que los jóvenes están aprendiendo a atribuir estados mentales complejos, como pueden ser las intenciones, tanto a sí mismos como a otras personas, según Kevin Ochsner, de la Universidad de Columbia. Al ir madurando, se observa menor actividad en esa región, tal vez, porque el cerebro se vuelve más eficiente en la introspección, algo así como una destreza que se perfecciona con la práctica, añade.

Pfeifer agrega que, en los adultos, se aprecia más actividad en las regiones cerebrales vinculadas con la conservación de conocimientos sobre uno mismo. "En lugar de dedicarse a pensar una y otra vez en quiénes son, los adultos re­curren a lo que ya saben sobre sí mismos", explica. "Pero mientras que estas áreas dedicadas a la introspección puede que sean más activas en la adolescencia, el proceso se registra en el curso de la vida entera. Se da en las mentes de adultos cuando éstos ingresan en estadios vitales que les son nuevos, por ejemplo, con la paternidad."

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