Mejor toma que daca

En los tratos a dos, la tacañería recibe mayor castigo que premio la generosidad
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"Ráscame la espalda y yo te rascaré la tuya", estipula un refrán. No menos conocida es la ley del talión: "Ojo por ojo y diente por diente". La experiencia general, y decenios de investigaciones, indican la universal tendencia humana a la reciprocidad, a pagar las buenas o las malas acciones con la misma moneda. Ahora bien, si se devuelve tanto como se recibe, ¿cómo es que los conflictos tienden a agravarse?
La respuesta, según declaración de un trabajo reciente en la Universidad de Chicago, consiste en que las reciprocidades positivas y negativas no son simétricas; las represalias por el egoísmo priman sobre las recompensas de la generosidad, incluso cuando las jugarretas no pasen de ilusorias.
Los investigadores, dirigidos por Boaz Keysar, le pidieron a sus probandos que "jugasen a dictador". En este juego, uno de los participantes --el "dictador"-- decide cómo repartir una suma con un compañero. Un grupo de dictadores empezaba con 100 euros y le daba una parte a su compañero; en el otro grupo, los dictadores empezaban sin dinero, pero podían demandarle al otro jugador un "impuesto" sobre los 100 euros. Después, cuando los participantes calificaron la generosidad de los dictadores, juzgaron que el grupo de los dictadores demandantes era descaradamente más codicioso que el grupo de los donantes. "Descubrimos que un dictador que entregaba 50 euros a su compañero era tenido por más generoso que otro que sólo exigía recibir 30 euros, una cosa desconcertante", explica Keysar. Además, los que reclaman una parte no se percatan de lo muy codiciosos que les parecen a quienes se encuentran en el extremo pagador.
Lo sesgado de estos juicios condujo a actitudes cada vez más egoístas en cada interacción: cuando los participantes se intercambiaron los papeles, los nuevos dictadores respondieron a lo que entendían ser repartos codiciosos actuando cada vez con menor generosidad. La pauta continuó dándose en cada turno de cambio.
Para detener semejante caída en barrena --conjeturan los investigadores-- no basta devolver lo que se tomó. "Para deshacer una acción negativa", observa Keysar, "es necesario recompensar holgadamente, con largueza".

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